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Opinión | Sala de máquinas

Hija rica, madre sensual

La última lista de Forbes sitúa a veinte norteamericanos entre la lista de los 25 hombres más ricos del mundo. Además de ellos, sólo hay un español (Ortega), dos franceses y dos hindúes. De lo cual se deduce fácilmente que el mayor número de ricos del planeta se concentra en los estados del Tío Sam, aunque sus tentáculos se extiendan por otros muchos países.

Dicha y privilegiada clase es la protagonista de El ganador, una novela de Teddy Wayne (RBA) que abunda en los mecanismos de esa riqueza y en las características comunes a sus detentadores.

La trama de El ganador se irá resolviendo en clave sociológica, primero; al compás de una tórrida aventura erótica, después; y finalmente, tras una serie de calculados giros, en el marco de una moderna trama de novela negra.

El encargado de conducirnos a través de todo ese largo e intenso viaje de emociones y sorpresas será Connor. Un joven, guapo y superdotado tenista que, mientras vaya concluyendo a trancas y barrancas sus estudios de leyes, dará clases particulares de tenis para pagarse la matrícula y ayudar a su pobre y diabética madre.

Los entrenamientos particulares a clientes muy adinerados en las pistas de una urbanización de mega-lujo le abrirán las puertas de residencias donde poderosos empresarios ponen a salvo sus secretos, sus familias, sus cajas fuertes... Con una de esos clanes de wasps, Connor intimará de una manera más personal que profesional, al empezar a salir con la hija de una glamurosa pareja. Una muchacha seria y sensible, sin demasiado gancho para Connor, pero de trato muy conveniente para él, al situarle de golpe en una clase social mucho más elevada, en la que tal vez podría integrarse vía un matrimonio de interés. Distinta será la relación con la madre de su novia, una mujer madura, sensual, que pondrá a prueba la capacidad de control y resistencia de un Connor deslumbrado por su desinhibición y atractivo erótico.

Una novela que, poco a poco, comienza a deslizarse hacia las aguas turbias de una ambición y un deseo que ejercerán como motores de una intriga insospechada y un final más impredecible aún. Sexo, mentiras... Más sexo, más mentiras... Y finalmente, la tragedia.

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