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Opinión

Europa

No solo somos vanguardia en protección social, sino también el espacio con mayor seguridad y mejor convivencia

Recientemente un familiar cercano ha tenido que ser ingresado en el hospital. No era ninguna enfermedad especialmente grave, aunque ha tenido que pasar por quirófano en varias ocasiones en los últimos meses. No dejo de pensar que en muchos lugares del planeta esa patología le hubiera supuesto la muerte; y en Estados Unidos el coste de esos ingresos e intervenciones habría acabado con todos nuestros ahorros o, incluso, nos habría obligado a hipotecarnos.

Eso no nos hace olvidar los problemas de nuestro sistema sanitario: las listas de espera hospitalarias o el retraso en las citas en atención primaria; el colapso de las urgencias, la falta de centros de salud o de hospitales en algunos lugares... Problemas que tenemos que expresar y reivindicar. Pero eso no nos impide reconocer la importancia de contar con un sistema sanitario público como el que tenemos; no en todos los países tienen esa suerte.

Lo mismo podemos decir de nuestro sistema educativo: nunca hemos contado con unos equipamientos como los actuales, ni ratios de profesionales tan elevados ni con tanta especialización. Veo a mi nieto en un colegio público donde llevan a cabo todo tipo de actividades complementarias, como salidas al teatro o a lugares de interés. Veo a hijos de mis amigos disfrutando de becas Erasmus como tantos miles de universitarios europeos. Al mismo tiempo, seguimos denunciando carencias materiales o falta de personal en algunos centros públicos mientras se financia la enseñanza no obligatoria en la concertada, y otros muchos fallos o carencias, pero que sin olvidar el privilegio de contar con un sistema educativo como el que disfrutamos en España.

Qué decir de los servicios sociales, en lo que me siento muy implicado denunciando las listas de espera en dependencia, los miles de personas que fallecen sin recibir prestaciones o servicios que tienen reconocidos, la escasez de las prestaciones económicas para las familias que cuidan de ellas o para una plaza residencial, el escaso número de horas de ayuda a domicilio... Pero esta visión crítica y reivindicativa no me impide reconocer que la Ley de la Dependencia y su aplicación es un gran avance en protección social. En pocos lugares del planeta disfrutan de una protección social tan avanzada para las personas mayores, las personas con discapacidad, los niños y niñas, las mujeres que sufren violencia de género, las personas sin hogar... A pesar de todas las limitaciones. Salvo en Europa.

Quiero expresar estos logros en protección social ahora que tantas voces ponen en crisis la Unión Europea y tratan de desprestigiar el modelo político que ampara esta Unión.

Por supuesto que en la Unión Europea tenemos muchas dificultades y problemas: quizás somos excesivamente reglamentaristas y más burócratas de lo necesario; quizás nos cueste ponernos de acuerdo en políticas migratorias; quizás otras potencias nos hayan cogida la delantera en determinados desarrollos tecnológicos; quizás nuestro compromiso con el medio ambiente nos coloque en desventaja económica frente a otros países; o quizás nuestra política de defensa no esté a la altura de la que exhiben otras potencias.

Pero si volviera a nacer y pudiera elegir en que zona del planeta me gustaría hacerlo, sin duda elegiría alguno de los países de la Unión Europea.

No sólo somos vanguardia en protección social, sino también el espacio con mayor seguridad y mejor convivencia. Un espacio que intenta estar comprometido con el medio ambiente. Un espacio de libertades sin parangón, y donde más asentada está la democracia, a pesar de escándalos que, quizás por nuestra sensibilidad democrática vemos y repudiamos en mayor medida que en otros lugares ¿Qué diríamos en España si nuestro presidente o alguno de nuestros gobernantes mezclara con tanto descaro sus negocios multimillonarios o los de sus familiares con su cargo representativo, tal y como hace alguno de los próceres de mayor peso mundial?

Tampoco la Unión Europea ni ninguno de los países que la integran estamos en guerra con ningún otro país, ni amenazamos con invadir ningún territorio ajeno, y nuestras fuerzas armadas sólo está en en misiones de paz o en labores de vigilancia y defensivas en nuestras propias fronteras

Frente a populismos que tratan de poner en crisis este sistema europeo, frente a quienes intentan demolerlo desde dentro o desde fuera, es hora de reivindicar y defender lo que somos, lo que hemos conseguido y lo que supone vivir en Europa. Sin dejar de reconocer nuestras dificultades, para superarlas. Pero no para destruir el más avanzado espacio de libertades y de bienestar que ha conocido la humanidad: Europa.

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