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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

JUAN BOLEA

Ángel Cabrera

Creo recordar haberme referido en alguna ocasión, y en esta columna, a mi tatarabuelo Juan Bautista Cabrera Ivars, fundador de la Iglesia Española Reformada Episcopal y primer obispo de dicho credo, de inspiración anglicana, en la historia de nuestro país. Era sacerdote católico, pero por amor renunció a sus votos y se casó con una de sus feligresas, Josefa Latorre. Con quien, viéndose ambos obligados a exiliarse, se refugió en Gibraltar, donde sobrevivieron impartiendo clases. En Algeciras se entrevistaron con el general Prim, del que recibieron apoyo en su lucha por la libertad de cultos («Ya podéis recorrer España con la Biblia bajo el brazo», les prometió), y gracias al cual pudieron regresar a Sevilla, consagrar su primer templo y volver a impartir Juan Bautista la palabra divina, pero ahora como pastor protestante.

Uno de sus hijos, Ángel Cabrera, estudió Filosofía y Letras, pero una temprana pasión por la zoología y su devoción hacia los trabajos de Darwin o Lasalle le impulsaron a acercarse a las ciencias naturales. Era su vocación. Con el tiempo, llegaría a convertirse en un gran zoólogo, particularmente conocedor de las especies de América del Sur.

Con el título de "Ángel Cabrera, el naturalista infinito", el Museo Nacional de Ciencias ha organizado una gran exposición/homenaje a este formidable y sacrificado científico que tantos años pasó en las tierras australes de Argentina y Chile observando y documentando especies de todo tipo, algunas en riesgo de extinción, y más de una hoy desaparecida: mamíferos, aves, reptiles, insectos... Sin dejar de lado la vegetación y los fenómenos del clima.

Cabrera fue, además de un naturalista de primer nivel, un gran dibujante. Sus láminas de ejemplares de las más diversas especies -desde el búfalo al ornitorrinco-, bien a punta de lápiz, bien coloreadas como acuarelas, forman parte de la colección del Museo de Ciencias y se exponen ahora junto a los libros, fósiles, fotografías, grabados o piezas disecadas con la técnica de la taxidermia. Bagaje intelectual que sigue dando fe de aquellas heroicas expediciones científicas de principios del siglo XX a lugares inhóspitos de una Sudamérica entonces por descubrir.

Humanista global, Cabrera publicó numerosos ensayos sobre la evolución de las especies; llegaría, incluso, a ilustrar novelas de aventuras de escritores muy conocidos.

Un legado impagable, que nos ilustra, seduce y admira.

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