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Opinión | firma invitada

Leire Mendibe Gil

La soledad de un alcalde

Nadie viene, nadie pregunta, nadie se interesa por nuestra situación. No somos importantes, parece que no aportamos nada. Somos el Aragón vaciado

Promesas y más promesas, presencia a todas horas y en todos los medios, debates, actos públicos, tensión dialéctica y pocos proyectos de futuro, por lo menos para el medio rural.

En el ecuador de la campaña electoral, todas las fuerzas políticas intensifican su presencia en pueblos y ciudades en su estrategia de cara a lograr el mayor apoyo electoral el próximo domingo 8F, pero mientras tanto, algunos seguimos relegados al olvido, no siendo merecedores (parece ser) de su presencia, reafirmando nuestra "sensación" de invisibilidad que, aunque parezca mentira, ni en época de elecciones cambia. Nadie viene, nadie pregunta, nadie se interesa por nuestra situación, por nuestros problemas, por nuestro incierto futuro.

No somos importantes, parece que no aportamos nada, que no existimos. Somos el Aragón vaciado. Después de meses sin servicio médico no tenemos garantía de que no vuelva a suceder, seguimos sin transporte público adecuado a las necesidades de nuestros pueblos, con pésimas telecomunicaciones y, lo que es más grave, con la amenaza de la implantación de tres macrogranjas que van a hundir el territorio y nos van a abocar a la desaparición. Pero esto no es importante, al menos eso parece, aunque hay algo de lo que se olvidan y que es de vital importancia: votamos, nuestro voto es igual de importante que el del resto de territorios, puede ser decisivo en las elecciones y queremos que así lo sea para revertir nuestra situación y tener por lo menos la esperanza de un futuro. Lástima que no se den cuenta.

Somos pocos, cada vez menos, pero nos une algo que hace que sigamos luchando a pesar de las dificultades, a pesar del olvido: el amor a nuestro pueblo, a nuestra historia y a nuestro patrimonio. Este lazo es indestructible y es el que nos mantiene unidos en la lucha por defender nuestra tierra y conseguir un futuro para todos nosotros. Es la lucha de David contra Goliat y confiamos en que el resultado sea el mismo. El próximo domingo lo sabremos.

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