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Opinión

Leonardo desata el diluvio

Ver las imágenes de determinadas zonas de Andalucía inundadas nos recuerda una y otra vez lo que pasó en Valencia el 29 de octubre de 2024 y que se saldó con 229 personas muertas por la imprudencia y la negligencia de quien en ese momento gobernaba esa comunidad y decidió irse a comer y no pensar en lo que pasaba fuera y disfrutar hora tras hora de la compañía y los platos, mientras en las calles sus vecinos se ahogaban y todo era un caos terrible de destrucción y muerte. Andalucía está sufriendo notablemente porque la última borrasca, Leonardo, ha desatado el diluvio en lugares que ya estaban anegados después de que sus suelos hayan aguantado borrasca tras borrasca -Kristin, Joseph, Ingrid, Harry, Goretti- durante los últimos meses. Es cierto que resultan odiosas las comparaciones y seguramente mucho de lo que sucedió en Valencia difícilmente se hubiera podido evitar, vidas sí, de eso estoy segura, porque simplemente la gente no fue informada, ni nadie estuvo a la altura de lo que venía cuando los avisos de la AEMET eran claros y contundentes, pero con un presidente a por uvas y unos segundos de a bordo que no sabían muy bien qué decisiones tomar, el horror se apoderó de las calles y vimos cómo el agua se iba llevando vidas que volvían de sus trabajos, que regresaban con sus familias, que descansaban en sus casas, que cerraban los negocios o que paseaban a sus mascotas y que la fuerza del agua los arrastró y engulló.

En el momento en que escribo estas líneas Andalucía está al límite porque la tierra ya no quiere más agua y la escupe y muchas zonas están inundadas y hay desprendimientos, no quedan carreteras en los lugares más afectados, pero sin embargo en estos momentos solo hay una persona desaparecida, ojalá vuelva, y lo que sí hay son miles de desalojados y más que habrá, porque es la forma de salvar vidas cuando el agua decide acabar con todo. En Andalucía se están haciendo bien las cosas y el Estado central está ahí, con todos sus cuerpos y todo lo necesario para salvar vidas e intentar controlar algo que puede ser incontrolado si sigue lloviendo de la misma forma y por eso es preciso no olvidar que el campo, las infraestructuras, las casas volverán a levantarse, las vidas que se llevan las riadas y las inundaciones no y en sus familias queda un vacío que desata la rabia cuando nadie avisó, nadie desalojó, nadie atendió, ni escuchó. Solo el atronador y furioso sonido del agua engulléndolo todo.

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