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Opinión

Un republicano

La memoria, tantas veces borrada, o borrosa, de los republicanos, va emergiendo con lentitud, pero sin pausa, desde las sombras del olvido.

Acaba de recuperarse la de Venancio Sarría Simón, hombre de letras y muy activo en política. Su historia, ligada a Aragón, aflora pegada a los principales acontecimientos del primer tercio del siglo XX, hasta aquel noviembre de 1936 en que fue ejecutado, apenas unos meses iniciada la guerra civil.

La biografía de Venancio Sarría llega a nuestras manos gracias a un detenido estudio del historiador José María Azpíroz Pascual: Venancio Sarría Simón, referente del republicanismo zaragozano (1900-1936). Editado por el sello Pregunta, este libro intenso, a ratos desgarrador, incluye fotografías del propio Venancio Sarría en compañía de otros referentes republicanos, como María Domínguez Remón, alcaldesa de Gallur, considerada como la primera regidora elegida democráticamente; los hermanos Alcrudo; o Gil Bel, Pedro Rubio y Miguel Biescas, periodistas del Ideal de Aragón, periódico fundado por el propio Sarría. La biografía cuenta, además, con un conmovedor prólogo de su nieto, el escritor Sergio Sarría, contándonos cómo fue descubriendo y recuperando la personalidad de su abuelo gracias a los recuerdos de sus familiares y a los documentos que habían sobrevivido a la censura franquista.

Un trabajo, en cualquier caso, que bien ha valido la pena, pues nos permite transitar por las vivencias de este aragonés directamente implicado en la educación y progreso de sus contemporáneos, en los movimientos sociales que luchaban por establecer nuevos derechos y libertades durante el régimen de Primo de Rivera, aquella España convulsa, de terratenientes y anarquistas, de manteos y hambrunas, que por votación popular derivaría en la II República.

En aquel 1931 Venancio Sarría se presentó como diputado por el partido Republicano Radical Socialista, obteniendo acta por la provincia de Zaragoza y tomando asiento en el Congreso junto a los protagonistas de aquella decisiva década de los treinta: Lerroux, Azaña, Prieto, Largo Caballero... Con Azaña, Sarría llegaría a mantener una estrecha amistad. Tanta que, al comenzar 1936, gobernando el partido azañista con una coalición de izquierdas, lo nombró delegado del Gobierno en la Confederación del Ebro. No tendría mucho tiempo más...

Una lectura reparadora.

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