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Opinión

Cuando se cierran las urnas se abre la responsabilidad

La función principal de la política es abrir camino hacia futuros deseables. Y Aragón avanza hoy hacia esos horizontes con más capacidades que nunca, tornando lo que ayer era un paisaje agreste en oportunidades endógenas. El viento, el sol, el agua, la biomasa o la propia extensión del territorio representan hoy recursos estratégicos, valiosos y en gran medida renovables, que sitúan a nuestra región en una posición singular para construir un modelo propio de bienestar y prosperidad.

A las puertas de las elecciones que tendrán lugar este domingo, reclamamos futuros en los que las aragonesas y los aragoneses puedan vivir mejor, con seguridad, con salud, con oportunidades y con certidumbre. Futuros donde el acceso a una vivienda digna y confortable, a una energía asequible, a una movilidad eficiente, a un empleo estable, a alimentos de calidad o a entornos urbanos y rurales seguros y habitables no sea una excepción, sino la base misma del bienestar colectivo.

Avanzar en esa dirección implica ciudades más saludables y resilientes, pueblos vivos y conectados, una economía que genere valor sin degradar su base material, y una gestión responsable de los recursos comunes —energía, agua, suelo, biodiversidad— de los que depende nuestro presente y nuestro porvenir. Implica reducir desigualdades, proteger a los colectivos más vulnerables frente a los impactos climáticos y económicos, y garantizar que el progreso no se construya a costa de hipotecar el futuro. En definitiva, supone alcanzar mayores niveles de bienestar y desarrollo dentro de los límites del planeta.

Ese conjunto de decisiones, políticas y transformaciones necesarias tiene hoy un nombre ampliamente compartido: agenda verde. Es el marco que la Unión Europea ha situado en el centro de su estrategia para reforzar su competitividad, su autonomía y su capacidad de innovación, vinculando crecimiento económico, creación de empleo y descarbonización. Una agenda que permite alinear bienestar, justicia social y sostenibilidad ecológica, y que orienta la inversión, la innovación y la acción pública hacia modelos productivos más eficientes, resilientes y preparados para el futuro.

Es por eso que, una vez se cierren las urnas, los partidos políticos tienen la responsabilidad de demostrar que representan el interés colectivo. Y representar hoy a la mayoría social en Aragón significa atender al 71,8 % de la ciudadanía a la que le preocupa, entre mucho y bastante, el cambio climático, según el CIS. Una mayoría que sabe —porque ya lo vive— que los veranos son más duros y peligrosos; que el agua es un recurso cada vez más amenazado; que la energía limpia debe convertirse en una riqueza compartida y no en un nuevo factor de desigualdad; y que el territorio necesita atención, gestión y cuidado. Convertir ese diagnóstico ampliamente compartido en acuerdos políticos amplios y estables es hoy la verdadera medida del liderazgo: un liderazgo a favor del territorio aragonés y a favor de todas las formas de vida que lo habitamos.

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