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Opinión

Jornada de reflexión

La jornada de reflexión debería serlo para lo que su nombre indica. Esto es, para meditar a fondo sobre nuestra participación personal en las elecciones a que nos convocan mañana con el objetivo de elegir al próximo gobierno de la Comunidad Autónoma de Aragón.

No se vota este domingo, por tanto, ni al gobierno nacional ni al de capital alguna. Responsabilidad que quedará demorada o aplazada hasta la convocatoria de esos específicos comicios a lo largo de lo que resta de año, o bien ya en 2027.

Nuestra reflexión, en pura consecuencia, debería concentrarse en el análisis de los programas de cada uno de los partidos por los que podamos sentir una inicial afinidad. Para, afinando entre sus propuestas y nuestros juicios, llegar finalmente a una conclusión clara y depositar el voto en la urna debida: aquella que con mayor fidelidad contenga o exprese nuestra ideología y una aproximación lo más cercana posible a lo que serían nuestros deseos sobre la correcta gestión de un gobierno autónomo.

Todo lo demás, el aborrecimiento a tales siglas o a cuales candidatos; la tentación de «castigar» o «premiar» a un presidente nacional o a un líder de la oposición; la inclinación a «desahogarse» con un voto radical; o el cálculo aritmético para que el sufragio «sume» a la hora de los pactos no solo está de más sino que atenta contra el propio elector, transformándolo en medio, en lugar de en herramienta; en transmisor, en lugar de emisor; en pieza vicaria, en vez de en defensor del voto independiente.

Que, por otra parte, puede no emitirse. La abstención siempre preocupa por lo que tiene de fracaso, desapego o desdén. Como fenómeno establecido en forma omisión permanente, afectando a un tercio de los votantes, es una lacra del sistema.

Distinta a la abstención es el voto en blanco, pues apunta a expresar una disconformidad, no con el sistema, sino con las maneras de administrarlo, gobernarlo, proyectarlo hacia la sociedad. Sería la expresión de un demócrata insatisfecho que reparte culpas sin querer ser cómplice con lo que considera malas ofertas para gestionar la riqueza común.

Que ustedes, en definitiva, a lo largo de esta jornada de reflexión, lo piensen bien.

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