Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | erre que erre

Zaragoza

Noche de ganadores y perdedores

Momento del debate electoral de El Periódico de Aragón celebrado en el hemiciclo de las Cortes.

Momento del debate electoral de El Periódico de Aragón celebrado en el hemiciclo de las Cortes. / Jaime Galindo

Hoy Aragón vota. Y lo hace con una mezcla incómoda de responsabilidad y escepticismo. Responsabilidad porque el acto sigue importando. Escepticismo porque cuesta encontrar diferencias claras entre promesas recicladas, advertencias exageradas y discursos que parecen pensados más para el titular rápido que para el gobierno real.

Como periodista, he cubierto suficientes campañas como para saber que casi ninguna se parece a lo que viene después. La política electoral es un género propio, con reglas laxas y memoria corta. La política de gobierno, en cambio, es más prosaica: primero, pactos; después, presupuestos finitos, decisiones impopulares y prioridades que dejan siempre a alguien fuera. Hoy termina la primera. Mañana empieza la segunda.

Durante semanas se ha hablado mucho de Aragón, pero no siempre desde Aragón. Y también de cosas de fuera de Aragón. Se ha hablado de grandes cifras, de mensajes simples, de soluciones instantáneas. De la sanidad que se sostiene a base de parches, de la educación que depende del código postal, o de un territorio donde la despoblación ya no es un concepto, sino una rutina. Gobernar esta comunidad no consiste en repetir eslóganes, sino en entender sus desequilibrios y asumirlos como problema central, no como nota a pie de página.

También conviene rebajar cierta épica del voto. Votar no es un acto heroico ni una adhesión emocional. Es una elección pragmática, a menudo insatisfactoria. Se vota con dudas, con enfado o con resignación. Pero la abstención, aunque comprensible en un contexto de hartazgo, no es una postura inocente. Dejar de votar no corrige los defectos del sistema: los agrava. Porque el poder nunca queda vacío y las decisiones se toman igual. Quizá por eso, además del resultado, lo relevante de hoy sea comprobar si seguimos creyendo que merece la pena decidir. Si seguimos pensando que, con todas sus imperfecciones, la democracia es un terreno que se cuida usándolo, no abandonándolo.

A partir de mañana, quienes gobiernen tendrán que explicar por qué unas promesas se cumplen y otras no, por qué unas urgencias se atienden y otras se posponen. Tendrán que hacerlo sin parapetarse en la herencia recibida ni en la confrontación permanente. Gobernar no es resistir ni ganar el siguiente titular, sino responder ante ciudadanos que no votaron para escuchar excusas.

Y los ciudadanos, por su parte, tampoco pueden desaparecer tras la urna. La democracia no se delega cada cuatro años y se olvida. Exige memoria, exigencia y una crítica constante que no se confunda con ruido ni con desafección.

Hoy Aragón vota. Esta noche habrá ganadores y perdedores. Pero el verdadero examen empieza mañana, cuando se apaguen los focos y quede lo único que importa: la gestión de lo común.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents