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Opinión

¿Una berrea? Adiós al clavico del abanico

Si una campaña electoral es una berrea, los participantes emiten berridos. Algunos animales braman o mugen. En el caso de personas, dice la RAE, dan chillidos, gritos alaridos, rugidos o bramidos. Nunca se me habría ocurrido semejante manera de calificar lo que se supone hace el dirigente del PAR y por extensión los demás candidatos. No sé en qué manual de política o de Filosofía, de los muchos que con toda seguridad se habrá leído este señor para dedicarse a tan noble actividad, se habrá inspirado. No sé en qué escuela le habrán enseñado que una campaña electoral es como una berrea.

No sé si los demás participantes en el debate organizado por este periódico le escucharon lo que dijo porque sin duda merecía una respuesta. Pero igual el señor Izquierdo se refería a la generalización del insulto como arma política, aunque creo que no, que no era eso a lo que se refería. En España se ha normalizado la posibilidad de insultar de la peor manera posible –hijo de puta– sin que pase nada, incluso en sede parlamentaria. Sin duda no acabo de entender en qué consiste el delito de injurias, porque llamar a alguien hijo de puta de forma reiterada, con recochineo (me gusta la fruta) y con intención evidente de atentar contra el honor de esa persona tiene toda la pinta de ser delictivo. No sé por qué no se denuncia. Igual por no saturar los juzgados.

Y claro, muchos iletrados, beodos o serenos, se suman a la conducta impropia de políticos indignos y maleducados que no merecen representarnos por muchos votos que tengan. Llamar hijo o hija de puta a otro político o política es, a la vista está, lo más normal del mundo. O «criminal» como hace el otro prestigioso intelectual, Abascal, refiriéndose también al presidente del Gobierno. Pues sí.

Están demostrando que para ellos todo vale en política: el insulto, la deshumanización del adversario, el bulo y la mentira reiterada, la generosa financiación de los panfletos afines para que distribuyan la droga tóxica, pagar a intoxicadores que no opinan en las redes sino que siembran odio y veneno todos los días, sin descanso. Incluso en los foros de este periódico. Sin miedo a exagerar están acabando con la democracia. Aunque ganen elecciones.

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