Opinión
Sombrío panorama
Las elecciones autonómicas de Aragón han dejado un panorama sombrío, de victoria pírrica y objetivos incumplidos, con demasiadas dudas por resolver, y sin que en su solución puedan intervenir los votantes. El PP gana el partido, pero no el campeonato, no la legislatura. Que queda, en su gobernabilidad, al albur de las condiciones de Vox.
Santiago Abascal ya ha dicho que el PP deberá aceptar sus planteamientos programáticos en emigración, agricultura y economía, pero Alejandro Nolasco todavía no ha puesto sobre la mesa, como probablemente hará, los cargos o consejerías que reclama para que su formación entre a un gobierno de coalición presidido por Jorge Azcón.
El PSOE obtiene un pésimo resultado, pero no cae más allá de su suelo histórico gracias a haber contado con una buena candidata, como Pilar Alegría. No lo tenía nada fácil, habido el repliegue de Pedro Sánchez ante los chantajes permanentes, inadmisibles, de Puigdemont, Pradales y Junqueras, pero ha hecho una buena campaña y apunta a liderar a una oposición práctica y seria.
Vox dobla escaños en una progresión que le acerca al 20%, un porcentaje muy alto para una tercera fuerza, que le abre las puertas de cualquier institución o gobierno. En clave nacional equivaldría a un grupo de más de cincuenta diputados en el Congreso, por lo que Feijóo deberá medir muy bien sus pasos, de cara a estrechar lazos con Abascal si pretende llegar a presidente del Gobierno. Las dos derechas, la moderada y la radical, condenadas a entenderse, van a protagonizar la política española en los próximos meses, seguramente en los próximos años.
De extraordinario hay que calificar el resultado de Chunta Aragonesista. La generosa movilización de su electorado y el empuje de Jorge Pueyo han recuperado una voz aragonesista fundamental para la defensa de los intereses de Aragón. Sumando sus votos a los de otras formaciones de obediencia puramente autonómica puede afirmarse que el apoyo netamente aragonesista –el «voto aragonés», por así decirlo–, se acercaría a los cien mil sufragios, una cifra estimulante y demostrativa de que las raíces autonomistas del pueblo aragonés siguen muy vivas. El pueblo ha hablado, pero algunos no lo van a entender.
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