Opinión
El debate que hay que tener
Hay que decir alto y claro que de seguir por este camino vamos a una erosión de las instituciones y a un incremento de la desconfianza de los ciudadanos, que son el mejor caldo de cultivo para partidos como Vox
La lógica de los hombres fuertes que llama Harari aplicada a la comunicación política obliga actualmente a los partidos a sostener mensajes monolíticos en el debate público porque la duda es, para algunos, síntoma de debilidad o de incoherencia. Pero es imposible que, vistos los primeros resultados del nuevo ciclo electoral en Extremadura y en Aragón, en el PP y en el PSOE no haya dudas razonables sobre si están siguiendo el camino correcto ante el auge, crecimiento y en algunos territorios consolidación de Vox, una formación que más allá de su vinculación a postulados tradicionalmente propios de la extrema derecha, es un partido antieuropeo, en algunos aspectos enemigo de la democracia liberal y en todo caso populista en el momento en que propone soluciones que son simplemente irrealizables.
El muro que construyó Pedro Sánchez tras las elecciones generales del 2023 para no facilitar la investidura del candidato de la formación más votada, Alberto Núñez Feijóo, ha fijado un marco mental en el que todo el mundo da por hecho que esa lógica es la única que se puede imponer en los pactos autonómicos. Damos todos por certera una afirmación como esta: «Azcón solo podrá gobernar gracias a Vox». Lo que pudo tener sentido hace casi tres años no lo tiene hoy, cuando Vox es el aliado local de Trump que, desgraciadamente, ya no es el aliado incondicional de la UE, nuestro espacio político, institucional y comercial de referencia.
El PP de Núñez Feijóo tampoco ha dado pasos firmes para evitar esta dinámica y ha aceptado la dependencia de Vox como el mal menor mientras que su operación de acoso y derribo a Sánchez acaba regalando el voto a los de Abascal.
Esta dinámica tiene que acabar. No estamos hablando de que de golpe y porrazo se pueda activar una gran coalición al estilo alemán. Pero el PP y el PSOE deberían acordar unos mínimos en los casos en que la abstención de uno u otro, en el caso de Extremadura y Aragón, haga posible la gobernabilidad y no nos lleve a reiteradas repeticiones electorales que conlleven extender a las autonomías la parálisis del Gobierno. La irresponsabilidad de Sánchez al forzar una mayoría de investidura que no es operativa en la legislatura se suma ahora a la de Feijóo forzando unos adelantos que no llevan a ningún sitio y maltratan a presidentes que están gobernando eficazmente.
El realismo político hace que muchos no digan lo que piensan en estos momentos. Pero es necesario que, serenamente, los agentes sociales y los dirigentes de los partidos expresen en público lo que dicen en privado. El bipartidismo no es un bien en sí mismo, pero sí que lo es la gobernabilidad y el mantenimiento de las instituciones dentro del marco constitucional y europeo. Vox no es un mal menor porque alimenta una dinámica política basada en la irracionalidad y en la ruptura de las reglas en lugar de reformar lo que no funciona. Hay que decir alto y claro que de seguir por este camino vamos a una erosión de las instituciones y a un incremento de la desconfianza de los ciudadanos, que son el mejor caldo de cultivo para partidos como Vox. Vociferar no es la solución de nada, en la actual coyuntura geoestratégica no hay bienestar fuera de la UE ni alternativa a la democracia liberal.
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