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Opinión

‘Thanks, prime minister’

Su discurso sonó con fuerza al conjunto de las personas congregadas en el auditorio del Foro de Davos de este año, su contenido de palabras y sobre todo, de pensamiento entremezclaron varios aspectos de suma importancia como eran la esperanza, valentía y realismo, ante un público atento y que supo reconocer el valor de sus palabras. Comenzaba el mismo afirmando con absoluta rotundidad y reflejo de dicha valentía y realismo, «Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal...». El primer pinistro de Canadá, Mark Carney pisaba fuerte y seguro en sus palabras, asumía en su intervención los riesgos que en las mismas reflejaban para todos aquellos que pudieran sentirse incómodos o darse por aludidos.

En su vibrante discurso, el primer ministro canadiense aceptó plenamente que el término más adecuado que define la actual realidad internacional es el de ruptura frente a seguir pensando que estamos en un momento de transformación, asumiendo sin lugar a dudas que los cambios que se están produciendo en estos momentos están ahí y que desde luego el empuje que desde la sala de máquinas de la Casa Oval norteamericana está en esta línea rupturista del orden internacional establecido. Pero siendo muy coincidente con el discurso oficial de la UE, su rechazo al uso de la nostalgia por las grandes potencias dominantes como motor del cambio, según el primer ministro Mark Carney «La nostalgia no es una estrategia»; retrataba en esta contundente frase al putinismo ruso así como al propio movimiento MAGA de EEUU, la vía oficial canadiense acepta la ruptura pero también la creación de nuevas visiones estratégicas que superen el miedo, y que no estén secuestradas por un pasado soñado que en realidad nunca ha existido.

Resultó de una gran valentía plantear ante el auditorio de Davos «¿qué significa vivir en la verdad?» -parecía por un momento que los últimos instantes de la serie Chernobil resonaban con más fuerza si cabe-; una verdad que suscita con absoluta certeza el reconocimiento de un orden internacional que no va a regresar, señalando el debilitamiento de las instituciones multilaterales, el desarrollo de políticas nacionalistas, así como la cada vez mayor imposición de un relato en el que los grandes polos de poder son los únicos capaces de determinar el presente y devenir de la comunidad internacional, una verdad que resulta inquietante, una verdad que puede resultar incómoda pero que está esperándonos.

Para el primer ministro canadiense esta verdad que genera su propio relato dominante debe ser combatido siguiendo, según él, el propio cuestionamiento que el dramaturgo y presidente de la República Checa Václav Havel suscitó sobre el sistema comunista, cuando afirmó «¿cómo ha podido mantenerse el sistema comunista?», es decir, el cuestionamiento de la inevitabilidad del relato dominante que cada vez cobra más fuerza y que solo el decisivo papel de las potencias medias -caso de Canadá y del conjunto de países de otras áreas geográficas- pueden contrarrestar.

Otro aspecto sumamente interesante de sus reflexiones en el Foro de Davos, es el nuevo papel de Canadá, un país que ha aceptado «el mundo tal y como es» a través de la puesta en marcha del denominado «realismo basado en valores» que combinará la defensa de los valores propios canadienses como son soberanía e integridad territorial, prohibición del uso de la fuerza salvo en los casos previstos en la Carta de las Naciones Unidas y respeto de los derechos humanos, sin olvidar el pragmatismo que permita a esta nación un real alcance de sus valores en el conjunto de la proyección estratégica global, como ha sido el ejemplo de Groenlandia. Así como el desarrollo de un multilateralismo poco ingenuo con las realidad existentes, por tanto flexible, ágil en la adaptación de coaliciones que permitan la proyección de los valores canadienses.

Finalmente, su discurso cuenta con una frase de una gran carga simbólica cuando afirma al inicio de su discurso «El poder de los menos poderosos comienza en la honestidad», honestidad para aceptar la nueva realidad, para no ser nostálgicos del pasado, para no acomodarse a los nuevos relatos que se tratarán de imponer y para generar una nueva vía en el conjunto de las potencias medias que son la inmensa mayoría de los estados que conforman la comunidad internacional.

Por ello, gracias primer ministro de Canadá por la luz de esperanza y valentía.

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