Opinión
¡Viva Mamdani!
Este año ha comenzado con buen pie para unos cuantos millones de ciudadanos del mundo que vemos en la alcaldía de Nueva York, con Zohran Mamdani al frente, una esperanza.
Es joven, nacido en África, musulmán, demócrata y socialista, datos concretos o afirmaciones que hace él mismo para definirse.
Joven, 34 años, lo que, en principio, no es ni bueno ni malo, pero a mí me agrada. La política en general y la estadounidense en particular está en manos de personas de edad avanzada. Yo, que ya tengo mis años, no debería criticar a quienes ocupan cargos de responsabilidad habiendo abandonado ya la edad que consideramos, más o menos, de jubilación, los 65. Existen casos, como el del añorado alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, que debemos considerar como un ejemplo, pero en este caso, y lo voy a explicar, no lo veo así. Nos dicen que los jóvenes se están apartando de la política y, por ello, que alguien sea capaz de ilusionarlos me parece positivo. Además, gobernar una ciudad como NY debe exigir una gran energía, y los jóvenes tienen más. Y la imagen, algo importantísimo hoy en día, más en los EEUU, donde la exposición a los medios de comunicación es exagerada, cuenta mucho, y este joven domina ese campo.
Africano de nacimiento, lo que le impediría presentarse a unas elecciones presidenciales, pero tiene un muy potente mensaje detrás: es inmigrante. Frente a quienes defienden políticas de expulsión de los no nacidos en los EEUU hay quien exhibe con orgullo su origen y el de tantos otros millones. Ya sé que no es un inmigrante al uso y, mucho menos, irregular, pero está sabiendo manejar el discurso favorable a un país que, sin inmigrantes, voluntarios o forzosos, como los esclavos, no existiría.
Musulmán, posiblemente el aspecto de su personalidad más polémico. Sabemos que esta religión no es en sí violenta, pero hay quienes creen, y viven, como si lo fuese. El brutal atentado contra las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001 difundió, si es que antes no estaba ya suficientemente visibilizado así, que unos fanáticos musulmanes estaban en guerra con el mundo y dispuestos a matar indiscriminadamente. Y lo hicieron en el corazón de NY, contra uno de sus más conocidos símbolos. Hoy, casi 25 años después, alguien que se declara musulmán ha conseguido convencer a millones de votantes que él, como otros muchos en todo el mundo, que su religión no es violenta y que hay que combatir a quienes lo son, no por religiosos, sí por asesinos.
Se declara demócrata y no tengo muy claro si lo hace en una acepción o en las dos posibles. Que pertenece al partido demócrata es algo obvio, se presentó a las primarias, por lo que si insiste en su afiliación supongo que lo hace para tratar de atraer hacia este partido a quienes le sigan a él sin ser siempre votantes del mismo. En la segunda acepción, la democracia como ideología, hay mucha más carga. En estos momentos en los que el autoritarismo está avanzando a pasos agigantados, en los EEUU y en el mundo, proclamar su voluntad de defensa de este modelo de gobierno es muy potente y ojalá arrastre a muchos jóvenes.
Socialista, aquí no hay duda posible, declara que esa es la base de su pensamiento político. El que podría ser su referente, Bernie Sanders, cuando era joven sí se declaraba socialista, pero hace ya unos cuantos años que ha cambiado esa palabra por otra más moderada, socialdemócrata, y casi siempre habla de que es progresista. En un país que durante muchos años, los de la guerra fría, hizo del comunismo algo así como un diablo con rabo y cuernos, muchos estadounidenses abominan del socialismo identificándolo con el comunismo. El que el régimen cubano de Fidel Castro se identificase a veces con el socialismo ha ayudado mucho a esta antipatía rayana en el odio contra esta ideología. Por todo esto cuesta entender que el alcalde de NY haya insistido tanto en utilizar este calificativo, socialista, para identificarse así, de forma radical, sin eufemismo alguno, incluso admitiendo que podría perder algunos votos por ello, así lo ha declarado en alguna entrevista.
Echando mano del potente acerbo del refranero español, sabemos que una cosa es predicar y otra dar trigo, por lo que no podemos creer que todo está hecho. Gobernar una megaciudad como NY no debe ser nada sencillo y los enormes intereses en su contra que deberá vencer son muchos y poderosos, por lo que el transcurso del tiempo nos irá diciendo. Para mí, a fecha de hoy, el gran valor de Mamdani es el de demostrar al mundo que el autoritarismo de extrema derecha no es imparable y que alguien muy distinto a quienes defienden ese modelo, utilizando los potentes medios que se pueden utilizar para vencerlo, lo ha hecho. Y en las urnas, gran símbolo de la democracia.
En Europa una gran nube de pesimismo parece haberse instalado sobre nuestras cabezas. Alemania, Francia, Italia, por citar solo las tres primeras potencias, tienen potentes partidos del color que combate y ha vencido el alcalde neoyorquino. Me gustaría pensar que este político estadounidense pueda ser el revulsivo para frenar a la extrema derecha de tan nefastos recuerdos en este continente.
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