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Opinión

Un pacto a fuego lento

Han pasado cinco días desde que las urnas dictaron sentencia tras la celebración de las elecciones autonómicas de Aragón el pasado 8 de febrero y, aunque se ha especulado sobre el escenario al que PP y Vox se enfrentan y cuáles van a ser las exigencias de un partido y otro, ambas formaciones son conscientes de que el primer reto que tienen que afrontar es el de interiorizar los resultados del 8F antes de poner en marcha unas negociaciones que se presumen largas y con muchos altibajos. La primera misión del PP de Jorge Azcón será encajar la pérdida de dos diputados respecto a los comicios de 2023. Esta no era la posición de partida que se había dibujado en las filas del Partido Popular, pero eso no significa desdeñar que, pese a todo, cuentan con casi el doble de representantes que la ultraderecha en el parlamento aragonés, lo que les debería dar la suficiente autoridad como para no plegarse a las exigencias del partido de Abascal, al que parece no penalizarle nada en estos momentos.

Con el doble de diputados que en 2013 y 14 escaños en las Cortes de Aragón, Vox afronta las negociaciones envalentonado y con una posición de más fuerza respecto a la que tenía hace apenas una semana. Además, son conscientes de que no tienen nada que perder si no se configura un nuevo gobierno en Aragón en tiempo y forma porque el objetivo de Abascal son las elecciones generales. Incluso, no verían con malos ojos una repetición electoral en un momento en el que el viento sopla a favor.

El escenario en Extremadura, la primera comunidad que convocó elecciones en este carrusel que dará paso a las de Castilla y León y las de Andalucía, es gris oscuro, con Guardiola pidiendo un pacto con el PSOE que le libere de las ataduras de Vox. Esto debería dar pistas a Azcón para iniciar los contactos con la ultradercha, siendo consciente de a qué se enfrenta. De ahí, la necesidad de medir bien los tiempos y tratar de cocinar a fuego lento cualquier movimiento que se pueda tomar para sellar un acuerdo de gobernabilidad que será complejo y en el que el PP se dejará muchos pelos en la gatera. En estas circunstancias, un pacto entre los dos principales partidos, PP y PSOE, sería lo más razonable y lo mejor para Aragón, aunque con Pedro Sánchez en la presidencia del Gobierno y Feijóo en la oposición parece pura ciencia ficción. Ambas formaciones suman casi el 60% de los votos en la comunidad y dejaría a la extrema derecha fuera de juego y el camino despejado para aplicar políticas que entran dentro del perímetro de la normalidad.

De vuelta a la realidad, todo apunta a que Vox reclamará tres o más consejerías y una vicepresidencia, lo que elevará el número de carteras en la DGA. Pero más allá del número de departamentos que copa el partido de Nolasco, lo relevante es qué peso específico tendrán esas consejerías y qué capacidad de gestión tendrá el partido de Abascal. De ahí la importancia de que el PP supere el duelo, se rearme y acuda a las negociaciones con las ideas y las líneas rojas claras. El Gobierno que se forme podría tener recorrido hasta el año 2030. Hasta entonces, el escenario puede haber cambiado demasiado, pero el objetivo ha de seguir siendo el mismo, Aragón.

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