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Opinión

Único testigo

Muchos crímenes han sido descubiertos y castigados gracias a la declaración de un único testigo. Sobre él/ella recaía una gran responsabilidad. De ser certero su testimonio, la verdad, por trágica que fuese, se abriría camino y tomaría forma de condena judicial, facilitando el encarcelamiento del autor del asesinato durante el período que estableciese el juez. Pero, ¿y si el testigo se equivocaba? ¿Y si su declaración, decisiva, había sido previamente distorsionada hasta adulterarla y, en terrible consecuencia, servía para condenar a un inocente?

De este planteamiento genérico arranca Lo que el bosque esconde (RBA) de Kate Alice Marshall. Una novela ambientada en una pequeña población norteamericana y protagonizada por tres niñas que, desde su más temprana adolescencia, compartían un secreto: el de ser «guardianas» de los restos de una mujer ocultos en una cueva de difícil acceso, cráneo y huesos a los que su fantasía infantil iba a convertir en una diosa mítica merecedora de su adoración, sus ofrendas, su complicidad, pero...

Pero el tiempo ha pasado y las tres chiquillas se han convertido en mujeres que arrastran un trauma compartido. Durante una de aquellas iniciáticas sesiones en la cueva del bosque fueron sorprendidas y atacadas por un violador y asesino en serie de mujeres que a punto estuvo de matar a una de ellas, cosiéndola a puñaladas delante de las otras dos. La víctima lo identificó, siendo su testimonio clave para encarcelar a aquella bestia humana, pero...

¿Seguía ella estando absolutamente segura de su declaración, con la conciencia tranquila? ¿O había un resquicio, una pequeña grieta por la que la duda, como una gotera sin arreglar, había ido ensanchando una sensación de inseguridad, la de haber cometido un error? La aparición en escena de un hijo del condenado en busca de justicia, pues se hallaba convencido de la inocencia de su padre, aumentará la presión sobre la protagonista. Ella y sus dos amigas recuperarán la amistad y sus recuerdos, entre los cuales su ritual adoración a la «diosa» de la cueva, cuyos restos la policía ha identificado: otra de las víctimas del violador y asesino de mujeres.

Una trama original, angustiosa, con un tortuoso pero electrizante final.

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