Opinión
El arte de pactar (cuando no queda otra)
Con el resultado del pasado 8 de febrero, Aragón, fiel a su carácter, no ha dramatizado por el cambio ni ha celebrado el declive. Simplemente ha votado. Y en democracia, esa sobriedad suele ser el veredicto más elocuente. La retórica apresurada para justificar el fracaso de la oferta política de la izquierda aragonesa, en su conjunto, tiene un denominador común, la culpa la tiene el PP por haber convocado elecciones, un argumento creativo, aunque políticamente insuficiente. Convocar elecciones no altera la voluntad popular, la pone a prueba.
El lunes posterior a las urnas sonó, con discreción, la marcha fúnebre para Unidas Podemos y el PAR. Los primeros comprobaron que la indignación permanente no siempre cotiza al alza; los segundos, que la tradición sin renovación termina en un archivo histórico. El resultado electoral, obliga al PP –ganador de las elecciones– a pactar. Aragón, tierra de pactos históricos y equilibrios imposibles, va a asistir ahora a un experimento interesante: comprobar hasta qué punto la aritmética obliga a entenderse a quienes en campaña parecían hablar idiomas distintos.
Porque, si se revisan los programas sin la estridencia del mitin, hay más coincidencias que abismos. En fiscalidad –rebaja impositiva–, materia de vivienda, defensa del mundo rural y reto demográfico, infraestructuras estratégicas, educación, sanidad o logística, las convergencias son amplias. Las discrepancias más sonoras –inmigración, políticas de género, medioambiente o Agenda 2030– dependen en buena medida del marco estatal y europeo. Desde el Pignatelli se pueden modular, pero no reinventar el ordenamiento. Sería ilegal, como ya ha advertido Azcón en reiteradas ocasiones.
La cuestión, por tanto, no es si habrá acuerdo, sino en qué términos y con qué coste reputacional. Ya he anticipado, en otras ocasiones, que la economía aragonesa atraviesa un momento dulce, con unas expectativas de inversión inmejorables y para ello es necesario estabilidad y seguridad jurídica. Poner en riesgo las condiciones actuales por estrategias de partido sería imperdonable.
En definitiva, El Partido Popular –pienso– que no convendrá una situación que sea peor que su mejor alternativa a un acuerdo negociado: un nuevo proceso electoral. En ese escenario, el votante aragonés –que no suele conceder prórrogas gratuitas– podría decir que la responsabilidad tiene destinatario. Ya lo ha hecho con algunos. Podría hacerlo conVOX. No siempre sobrevive quien más grita, sino quien mejor administra las consecuencias de su firma.
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