Opinión
Pacto, luego existo
Tanto foco electoral y mediático puesto en Vox invita a reflexionar sobre las características, orígenes e ideología de este partido llamado a entrar en el Gobierno de Aragón en alianza con el PP de Jorge Azcón. ¿Son, sus dirigentes y militantes, tan ultraderechistas como se viene afirmando desde la izquierda? ¿Se trata de un partido de peligrosos neonazis, fascistas hitlerianos conchabados para tomar el poder e imponer un régimen dictatorial que acabe con la actual democracia española? ¿Son totalitarios, émulos de un franquismo que añoran y cuyas ideas y estructuras aspiran a resucitar? ¿Son falangistas?
¿O estarían encarnando, más simplemente, una escisión del Partido Popular, una especie de retorno a las raíces, cuando sus siglas eran AP, Alianza Popular, y su jefe un Fraga Iribarne desorientado por los nuevos vientos de la Transición? ¿Son monárquicos? ¿Son ultracatólicos, machistas, racistas? ¿Son constitucionalistas? ¿Son trasvasistas? ¿Son, más que ultras, conservadores radicales, gente de orden a la vieja usanza?
Muchos matices y preguntas... A Jorge Azcón, por lo que respecta a un pacto, le han dado una bastante nítida: quieren gobernar, pero con presupuestos y estructuras suficientes para garantizar la gestión. ¿Significa que aceptan el Estado de las Autonomías tal como lo consagra la Carta Magna? Diríase, en principio, que sí, y que han cambiado, a ese respecto, de parecer. Pero la experiencia previa, cuando, ¡hace tan poco! formaron parte del Pignatelli, demuestra que Vox no da fácilmente su brazo a torcer, y que sus principios son rígidos.
Sin embargo, con algunos de ellos, muchos ciudadanos, les voten o no, podrían llegar a estar de acuerdo: regulación de la inmigración, ayudas al campo frente a la «burrocracia» europeísta, limpieza de cauces, bajada de impuestos... Pero la falta de cintura, de mano izquierda (nunca mejor dicho), de tolerancia y comprensión hacia planteamientos ajenos ha hecho que demasiadas veces se levantaran de la mesa sin cerrar acuerdo, ley ni presupuesto alguno.
¿Habrá cambiado algo de todo eso el reciente resultado electoral? ¿Se verá en próximos días a un Vox más centrado? El primero en percibirlo será Azcón. Entre el lamento y la sonrisa, ahora mismo resulta tan difícil predecir su ánimo como el próximo movimiento de Santiago Abascal. A quien, por cierto, habría que recordar el shakesperiano consejo que Albert Ribera trágicamente ignoró: «Pacto, luego existo».
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