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Opinión | FIRMA INVITADA

En tiempo de tribulación

Vivimos tiempos convulsos y confusos. A toro pasado suele creerse que los periodos anteriores eran menos complicados, más fáciles de afrontar. Realmente cada momento ha tenido sus complejidades. Sin embargo, en estos últimos 6-7 años, asistimos en el mundo y específicamente en España a hechos verdaderamente singulares. La epidemia de covid, la guerra de Ucrania y sus secuelas de inflación, el vendaval ultra y antidemocrático de los Estados Unidos de Trump, constituyen fenómenos externos a nosotros pero que nos afectan notablemente. Los acontecimientos domésticos básicamente derivados de desastres naturales, como el volcán de La Palma, la dana (aquí con una pésima gestión) o las sucesivas ocho borrascas suponen problemas añadidos y no pequeños a los que se derivan de los asuntos internacionales. Nuestro país ha capeado estas situaciones de una manera razonable en general y en algunos casos exitosa. En el ámbito económico es incuestionable el éxito en términos de crecimiento y empleo sin desequilibrios como nunca y reduciendo la desigualdad (Encuesta de Condiciones de Vida 2025). En cuanto a la agenda internacional hemos estado a la altura y con cierta dignidad, respetando nuestra pertenencia y unidad de acción con la Unión Europea, ante los problemas internacionales del momento como Ucrania, Gaza, Latinoamérica o la OTAN. En el plano interno, el debate, si se puede llamar debate, es realmente complicado. La agresividad y el ruido de la derecha política y sociológica genera mucho malestar, confusión y deterioro institucional. Usar el Senado para la lucha política y no como Cámara territorial, no renovar el Consejo General del Poder Judicial en 5 años, activar causas judiciales con serios reparos para su justificación, atender a los bulos para propagar y amplificar el ruido, es una forma de deteriorar la paz ciudadana que puede llevarnos a un final imprevisible, pero nada bueno. Todo por no aceptar el veredicto de las urnas en 2023.

Algunos con honestidad pueden pensar que debería haber elecciones para reducir la crispación y el ruido. Veamos. Algunos pedirían elecciones hasta que las ganasen, pero así no funciona un sistema democrático. En estos momentos no hay propuestas políticas y económicas fundadas que justifiquen un cambio de rumbo o que añadan algo de legitimidad democrática. No hay propuestas alternativas y esta es la principal razón para no plantear una moción de censura: se tiene que presentar un programa de gobierno y hay que retratarse.

Bueno, pues a pesar de eso, pensemos que se demandan unas nuevas elecciones para relajar la tensión social derivada de la agresividad de una de las partes (no es polarización, que exige dos partes peleando) o porque el Gobierno tiene una debilidad parlamentaria evidente, apoyada con el argumento de la supuesta corrupción, resalto supuesta. Pues si antes de las elecciones de Extremadura y Aragón había dudas sobre si los resultados de unas nuevas elecciones podían dar estabilidad y asentar un proyecto, en estos momentos eso es todavía más dudoso.

Desde luego no es lo ideal, ni es motivadora ni estimulante, la situación difícil de este Gobierno, pero la incertidumbre que se produciría después de unas hipotéticas elecciones podría generar más y nuevos problemas. Por ejemplo, se podría romper la senda de crecimiento económico y empleo que tenemos y aumentar la conflictividad social y ciudadana por la imposición de ideas ultras sobre valores ciudadanos asentados. También es muy posible el deterioro de nuestra imagen de Gobierno y país serio y responsable en la Unión Europea y en el mundo. Por ejemplo, si la agenda ultra está contra la Unión Europea y contra los impuestos ¿suprimiríamos la PAC? La PAC se financia con impuestos por la UE. ¿O continuamos como han hecho, PP y Vox en Valencia después de la dana permitiendo construir a 100 metros de la playa, ignorando los avisos del cambio climático? ¿O escondemos el peligro y las consecuencias de no atajar la dermatosis en el ganado bovino como querían Vox y sus ganaderos en Castilla y León hace poco más de un año? ¿O empezamos, como ya anuncian, a deportar inmigrantes como hace Trump, el de tan admiradas políticas por Abascal y Ayuso? Y todo ello en el supuesto de que PP y Vox alcanzaran una mayoría (dudosa en unas generales) y formaran un gobierno medianamente aceptable de gente cualificada.

Extremadura y Aragón nos han enseñado mucho y el PP creo que debería haber aprendido de sus falsas ilusiones. Tenemos un Gobierno con una situación parlamentaria inestable y precaria, una agenda muy condicionada y difícil pero la posible hipotética alternativa es retroceso, no solo en valores y paz social sino también en las cosas del comer.

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