Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | EN EL PUNTO DE MIRA

Amarga victoria

«Un día los montes comenzaron a temblar, sacudirse y lamentarse. Todos los lugareños se asustaron muchísimo al ver a estos montes siempre tan serenos y bonitos en una actitud tan extraña. Las personas veían como los montes se resquebrajaban y temblaban cada vez más fuerte. Hasta que al anochecer se produjo un estruendo tremendo, los montes se abrieron y de la grieta salió un pequeño ratón».

Esta fábula atribuida a Esopo («el parto de los montes») refleja a las mil maravillas el fiasco de Jorge Azcón con el adelanto de las elecciones en Aragón y los resultados obtenidos. Como dicen en esta tierra «mucho ruido y pocas nueces».

Según él, había que sacar mayoría absoluta para no depender de Vox. Cuando se percató de que era imposible cambio de objetivos: sumando con el PAR y Teruel Existe podría saltar la barrera de la ultraderecha. Y al final, había que tener más diputados que el centro izquierda. No ha dado ni una en el clavo. Semejante genio de la estrategia no tiene precio. Ni él, ni sus asesores, ni los mediáticos que le jalean, ni la recuperada mesa camilla de los poderes fácticos. A pesar de los anuncios de inversiones multimillonarias, de las decenas de miles de empleos prometidos, de las promesas de un futuro país de jauja, el PP ha perdido dos diputados y algo más de 30.000 votos. Me dirán, ya sé, que el PSOE ha salido más perjudicado cuantitativamente, pero el único responsable de la situación en que estamos es el presidente Azcón. Él tenía la potestad para convocar o no elecciones y lo hizo solo pensando en los intereses nacionales de su partido, utilizando para ello a los aragoneses y aragonesas de conejillos de indias en la estrategia del PP nacional y de Feijóo. Y el resultado ha sido que han fortalecido, todavía más, las posiciones y la legitimización de Vox como partido de gobierno. Una formación que alardea de estar en contra de consensos básicos de la transición y de la propia Constitución.

Exhibir la derrota del PSOE como trofeo para debilitar a Sánchez, obsesión de Feijóo, solo ha servido para fortalecer a Vox, que con sus escaños duplicados tiene mucha más fuerza para imponer condiciones. Y, lo más grave, el PP de Aragón ha roto una tradición política de respeto institucional, construida en esta tierra durante cuarenta años, aumentando la polarización, el sectarismo, la confrontación personal y muchos de los consensos básicos, como el rechazo al trasvase, la organización territorial, la despoblación, la lucha contra el cambio climático y hasta el respeto a la sociedad civil organizada.

¿Autocrítica?, ¿qué es eso? «Todo se hizo bien, y quien lo dude está equivocado». Tanto en la derecha como en la izquierda... Hay que reflexionar, por ejemplo, sobre los 122.000 votos que la derecha ha sacado de ventaja, hay que hacer una autocrítica seria y cabal. ¿Que entre los objetivos de Azcón ha estado descartar y anular a la candidata socialista? Seguro. Pero eso no debería impedir ver las dificultades internas y los problemas que los socialistas han tenido a la hora de llegar con sus propuestas a los ciudadanos, porque ha sido una buena campaña en el territorio, pero corta y poco efectiva en las grandes urbes, especialmente en Zaragoza.

Los resultados han sido catastróficos para quienes defendemos la democracia, el europeísmo y la convivencia, pero CHA derrochaba optimismo por doblar los resultados, como si desde su «aldea gala» fueron capaces de liderar la antorcha del triunfo sobre los malos. ¿Hay alguien a la izquierda del PSOE? Lo digo porque, hasta ahora, nadie ha explicado que el fiasco de la candidatura unitaria entre CHA, IU-Sumar y Podemos ha supuesto que, de los siete diputados actuales fruto de la desunión, podrían haber sido diez en la unidad. ¿Se han preguntado por el efecto desmovilizador que supone verlos pelearse por quién asume la cabeza de la lista o por quién cede la silla? ¿Cuántas veces hay que recordarles que la actual alcaldía de Huesca es del PP porque se presentaron tres candidaturas distintas y tiraron más de un 16% de representación al baúl de los recuerdos? ¿Hasta cuándo van a predominar los intereses del culo en la silla sobre los de los ciudadanos?

«La estupidez puede parecer, por un rato, una buena idea, hasta que todos volemos por los aires y hasta los más estúpidos descubran que era muy estúpida», dice Martín Caparrós.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents