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Opinión

Los dos mandamientos

Muchos de los votantes de Vox, en particular los más jóvenes, no vivieron ni, probablemente, conozcan en profundidad los axiomas fundamentales sobre los que el moderno pueblo aragonés reconstruyó su «ser» y construyó su nueva «personalidad» durante los azarosos albores de la llamada «Transición» política, que hace tiempo concluyó: la lucha por la autonomía plena y la resistencia contra el trasvase del Ebro.

Estos dos mandamientos del pueblo aragonés, sobre los que se alzan sus tablas de la ley, están siendo cuestionados, incluso conculcados, por algunos portavoces de Vox, con imprevisibles consecuencias. Pero no para el pueblo aragonés, sino para ellos mismos.

El pueblo aragonés, muy por encima de estas torpes e interesadas amenazas, seguirá trabajando por un merecido horizonte de plena autonomía y, en paralelo, por un aprovechamiento integral y racional de sus recursos hídricos. La experiencia de las últimas décadas debería advertir al partido de Abascal que todo aquel partido anti-autonomista o trasvasista que pretenda gobernar Aragón o gobernar en Aragón, que no es igual, se verá igualmente condenado al fracaso.

No sabemos hoy en día de un solo científico serio, de un ingeniero solvente, de un legislador justo que avale los trasvases entre grandes cuencas. Se trata de un recurso antinatural, arcaico, a base de intervenciones faraónicas, brutales, dictatoriales, encaminadas al favorecimiento de determinados territorios en detrimento de otros. Franco, Pujol, Suárez, Borrell o Aznar pugnaron por trasvasar el Ebro a Cataluña, a Levante o a Andalucía, intentonas que los aragoneses impidieron con su histórica lucha, cuya multitudinaria fuerza regresaría a las calles de osar Abascal llevar al Congreso de los Diputados un plan hidrológico para despojar a Aragón de sus recursos básicos, empobrecerlo, condenar los nuevos regadíos, frenar el crecimiento industrial e invitar al Mediterráneo a anegar el Delta del Ebro.

Pero, ¿por qué y a quiénes pretende Vox trasvasar el Ebro? No será a los catalanes, que no siquiera lo demandan y ya cuentan con su propio mini-trasvase; ni a los valencianos, que han solucionado con desaladoras las necesidades de sus marinas y campos de golf; ni a los murcianos o almerienses, cuyos embalses, a reventar de reservas, les aseguran agua en abundancia para los próximos tres años...

A tiempo están de cambiar de opinión.

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