Opinión | el comentario
Beatriz Forniés Giménez
Hablemos claro
En el inicio de una huelga nacional indefinida, y autonómica también en Aragón, los médicos y facultativos necesitamos hablar claro para que se nos entienda muy bien. El Ministerio de Sanidad, junto con algunos sindicatos, ignorando nuestra opinión y nuestras necesidades, han redactado un nuevo Estatuto Marco, una ley que regula a los trabajadores del ámbito sanitario, con la que los médicos (que no parecemos ser importantes en Sanidad) no estamos de acuerdo. Por dos motivos: es profundamente injusta con nosotros y peligrosa para los pacientes.
Estudiar Medicina implica seis años de carrera. Al terminar, el graduado no puede ejercer en la sanidad pública. Está obligado a superar un examen nacional, el mir, y a completar entre cuatro y cinco años más de formación especializada. Durante ese periodo firma un contrato de formación y cobra poco más que el salario mínimo. Solo entonces puede ejercer como médico especialista.
Aceptamos esta exigencia porque nuestra profesión es compleja, específica y conlleva la máxima responsabilidad científica, técnica y legal sobre el paciente. Sin embargo, el nuevo Estatuto sitúa en la misma categoría profesional a médicos especialistas -con once o más años de formación reglada- y a otros trabajadores con los que compartimos espacio físico y el momento vital del paciente al que atendemos pero cuya profesión no se parece a la nuestra. Ni en requisitos formativos (ESO, Grado medio o superior de FP, Grado universitario de 4 años...), ni en funciones y competencias, ni en responsabilidad jurídica dentro del acto asistencial.
Pero el problema no acaba ahí. Desde la residencia descubrimos que tenemos, en la práctica, dos jornadas laborales. La ordinaria –35 horas semanales en Aragón desde 2026– y otra obligatoria denominada «jornada complementaria». Son horas que, en cualquier otro colectivo, serían extraordinarias. En nuestro caso, su regulación legal es altamente sospechosa:
- Son obligatorias hasta los 55 años.
- Se retribuyen por debajo de la hora ordinaria, incluso en horario nocturno.
- No generan descansos compensatorios propios de la turnicidad.
- No tienen un límite máximo anual: dependen de «las necesidades del servicio».
- No constan como jornada ordinaria en la vida laboral.
Así se consigue que los facultativos trabajemos más de 1.000 horas adicionales al año, acumulando semanas de 50, 60 o incluso más horas durante décadas. Guardias de 17 horas encadenadas a la jornada ordinaria entre semana, o de 24 horas en festivos y fines de semana, sin un derecho regulado al descanso efectivo. Eso significa que el cirujano o el anestesiólogo que atiende una urgencia a las tres de la madrugada comenzó su jornada a las ocho de la mañana del día anterior.
No queremos provocar lástima, solo que se sepa en qué condiciones, impuestas por ley, atendemos a nuestros pacientes. Unas condiciones vergonzosas, inhumanas, peligrosas y anacrónicas. Que serían ilegales en casi cualquier otro ámbito profesional y que, lejos de corregirse, se perpetúan en el nuevo Estatuto Marco.
Por explicar todo esto se nos ha llamado "clasistas". Por recordar que tenemos la máxima cualificación científica y técnica y la máxima responsabilidad dentro del sistema sanitario, con el paciente, con su familia y con la Justicia. Incluso "privilegiados". Pero la realidad es que trabajamos más horas que la mayoría de empleados públicos, bajo un régimen obligatorio que no existe en otros colectivos.
Hoy los facultativos queremos decir a los responsables políticos que no vamos a continuar trabajando así indefinidamente. Si este Estatuto se aprueba, muchos médicos abandonarán la sanidad pública o buscarán otros destinos. Los estudiantes y residentes lo tendrán claro a la hora de elegir futuro. Y entonces habrá que explicar a la sociedad qué ocurrirá cuando necesite un médico y no lo encuentre en el sistema público.
No es una amenaza. Es una previsión razonable. A los médicos y facultativos se nos va a obligar a dejar la sanidad pública, y esto es tan evidente que algunos no podemos evitar pensar que, incluso viniendo de gobiernos supuestamente progresistas, esta estrategia pudiera estar cuidadosamente orquestada.
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