Opinión | talento y empleo

Especialista en gestión de talento
La red no hace milagros
En los últimos años hemos asistido a un fenómeno fascinante: miles de profesionales abren un perfil en LinkedIn, suben una foto seria con fondo azul corporativo, ponen «apasionado del trabajo en equipo» en el titular... y se sientan a esperar. A esperar oportunidades laborales, clientes, colaboraciones o reconocimiento profesional, como quien coloca un plato vacío en la ventana esperando que caiga un jamón de Teruel por gravedad. A veces la fe es admirable, pero LinkedIn no es un milagro de Lourdes.
Esta expectativa mágica nace de una idea sencilla pero equivocada: "si estoy en LinkedIn, algo pasará". Pues no. Estar no es participar, y participar no es aportar. Lo que ocurre con demasiada frecuencia es que el perfil queda congelado en un limbo digital: sin actualizar desde antes de la pandemia, sin actividad, sin interacción y con un «abierto a oportunidades» que nadie sabe si está vivo o si es un mensaje fantasma. Luego viene la frase definitiva: «LinkedIn no sirve para nada». Claro: como la bicicleta estática que acumula ropa, tampoco funciona si no te subes encima.
A todo esto, hay que añadir una fauna profesional muy extendida: el espectador pasivo. Ese usuario que lee, observa, desliza, envidia, se compara, comenta mentalmente, pero jamás interactúa. El lurker, que dirían los expertos, pero en versión ibérica. Su pensamiento profundo suele ser: "Solo triunfan cuatro". Y es verdad: solo triunfan cuatro... que hacen. Igual que en el huerto solo recolecta quien siembra. La contradicción más curiosa es que LinkedIn es probablemente la red social con más retorno profesional... para quien la trabaja. No es una plataforma para promocionar desayunos de hotel ni filtros bucólicos de domingo. Es un espacio donde se construyen relaciones profesionales, reputación y visibilidad. Y eso tiene un precio: tiempo, intención y estrategia.
LinkedIn no es obligatorio (y menos mal). Vivimos atrapados en la idea de que hay que estar en todas partes. En Instagram porque lo dice el algoritmo, en TikTok porque «es el futuro», y en LinkedIn porque «hay que estar». Lo siento, pero no. Esto no es la mili. Estar en LinkedIn no es obligatorio. La pregunta real es otra:
¿Te acerca LinkedIn a tus objetivos? Si la respuesta es no, no estés. No pasa nada. De verdad. No te van a quitar el DNI profesional ni te van a expulsar del mercado laboral. Hay quien construye su carrera offline de manera impecable. Y también hay quien la fortalece combinando ambos mundos, que es donde empieza a haber música interesante.
Coherencia entre lo online y lo offline. Aquí está la parte que más nos cuesta aceptar: no tenemos dos vidas. Tenemos una, con dos escenarios. Si offline eres cercano, colaborador y sensato, pero online eres hermético, oscuro o engolado, el mensaje chirría. Y si ocurre al revés -online eres brillante e inspirador y offline eres el rey del "ya si eso"- el resultado tampoco acompaña.
En Aragón se está generando un fenómeno muy potente: conexiones que nacen online, se consolidan en un café, se convierten en proyectos y vuelven al mundo digital para compartir aprendizaje. Esto sí es networking. Y, sobre todo, esto sí genera oportunidades reales. No porque mágicamente aparezcan, sino porque las relaciones son el combustible de la vida profesional.
¿Para qué sirve LinkedIn en realidad?
Para tres cosas esenciales:
- Ser visible: que el mercado sepa en qué eres bueno, no sólo que existes.
- Aprender: si eliges bien a quién sigues y qué consumes.
- Conectar: que es la parte que más nos cuesta, porque requiere salir de la cueva.
Y un bonus: para contar una historia profesional con sentido. No vende el que grita, vende el que explica.
Recomendaciones para reenfocar el uso (sin magia negra).
Define objetivos (buscar empleo, clientes, proyectos, aprender... no vale "ya veremos"). Dedica tiempo de calidad (cinco minutos al día valen más que dos horas al mes). Interactúa con personas (los logos no responden mensajes). Aporta valor (no hace falta ser gurú; basta con compartir experiencia real). Sé generoso (recomendar, comentar y ayudar es la moneda del networking). Cuida el perfil (sin literatura épica y sin tecno porcelana motivacional). No fuerces (si no te gusta, no uses LinkedIn; la autenticidad es un activo).
La gran ironía es que todos buscan oportunidades, pero muy pocos intentan convertirse en una oportunidad para otros. Mientras algunos esperan que LinkedIn les cambie la vida, otros actúan... y curiosamente les cambia. No es magia. Es estrategia. Y, sobre todo, es coherencia: entre lo que pensamos, lo que hacemos, lo que mostramos y lo que construimos. Online y offline.
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