Opinión | alégrame el día
roberto malo
El prologuista
El otro día me propusieron prologar una antología. Y al día siguiente, curiosamente, me propusieron prologar otra publicación. También es casualidad; es como si en el ambiente flotara mi nombre como posible e ideal prologuista. En los dos casos dije que sí. Ay, tendría que aprender a decir que no. Hay que decir que «no» mucho más. Hace poco el actor Antonio Banderas comentaba en una entrevista que un agente que tuvo en Estados Unidos le dijo que las carreras de los grandes actores no estaban marcadas por los síes que habían dado sino por los noes. El propio Banderas reconocía que dicho agente tenía razón en esa apreciación pero que él asumía que se había visto en la necesidad de decir que sí a muchos trabajos porque básicamente tenía que comer.
En el fondo, me imagino, le costaba mucho decir que no a un trabajo. A mí me sucede igual, me cuesta mucho decir que no, aunque en este caso en concreto de los prólogos no estemos hablando de un trabajo propiamente. Sin embargo, si te lo piden los amigos, ¿cómo vas a decirles que no? Para eso está la amistad, caramba.
Al fin y al cabo, escribir un prólogo tampoco te lleva mucho tiempo, se escribe en un momento en la mayoría de las ocasiones. Y por otro lado, como casi todo el mundo tiende a saltarse los prólogos, tampoco tienes mucha presión a la hora de escribirlo. La gente no suele esperar nada del prologuista. Y me encanta, por cierto, la palabra prologuista. Creo que tendría que añadir este «ista» a mi currículum: cuentista, guionista, columnista, letrista... y ahora prologuista, claro que sí. Si eres escritor, antes o después te va a tocar escribir un prólogo, esto es así, y si no eres escritor, pues es muy fácil que también te toque hacerlo, así que esta columna te interesa, querido lector. ¿Cómo escribir un buen prólogo si te encargan uno?
Bueno, tienes total libertad para hacerlo a tu manera, como mejor veas o entiendas. Colar un cuento como prólogo, por ejemplo, siempre queda la mar de bien. Ayuda también leer antes el libro, pero a veces no es necesario siquiera. ¿Y de qué te puede servir el haber escrito muchos prólogos? Bueno, luego puedes juntarlos todos y publicar un libro con ellos, como hizo Jorge Luis Borges con su obra Prólogos con un prólogo de prólogos, donde reunió cuarenta prólogos que había escrito para diversos libros. Si alguien se anima a hacer algo parecido, le escribo el prólogo.
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