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Opinión

Ricardo Barceló

Ricardo Barceló

Director de "El Periódico de Aragón"

La gran renuncia de la izquierda

Los partidos a la izquierda del PSOE están obligados a mirar cara a cara a los ciudadanos y resolver sus problemas con un proyecto sólido y colectivo, en el que los egos no tengan cabida

Rufián proclama que su intención es "ganar provincia a provincia escaños a Vox"

Rufián proclama que su intención es "ganar provincia a provincia escaños a Vox"

Los resultados de las elecciones autonómicas celebradas en Aragón el pasado 8 de febrero han arrojado múltiples lecturas y aprendizajes que han de llevar a los partidos a extraer sus propias conclusiones. Guardar el dictado de las urnas en un cajón bajo llave puede resultar tentador, pero el hecho de pasar página e instalarse en el inmovilismo sería el mayor de los pecados que se pueden cometer en política. La sentencia de los ciudadanos en forma de voto ha dejado al PP de Azcón en manos de Vox y ha conducido al PSOE de Pilar Alegría a sumar tan solo 18 diputados, los mismos que obtuvo Javier Lambán en 2023, con el agravante de que hace tan solo tres años Aragón estaba gobernado por un cuatripartito en el que los socialistas sumaban 24 diputados, Podemos contaba con cinco escaños y CHA tenía tres. A estos 32 diputados, se sumaban otros tres sillones del PAR. Hoy, en cambio, ese patrimonio de la izquierda, aquel que alcanzó sus máximas cotas en 2015, se ha esfumado, se ha evaporado, ha mutado, se ha quedado en casa o se ha travestido. ¿Y ahora qué?

Los comicios de Extremadura y Aragón han abierto el debate en los partidos de la derecha (PP y Vox) sobre cómo se han de tejer esas mayorías en los parlamentos autonómicos sin morir en el intento y sin caer en el chantaje de la ultraderecha. Pero existe otro debate no menos relevante, que interpela directamente a aquellos partidos que un día asaltaron el cielo, pero que fueron incapaces de gestionar tal patrimonio. En Aragón, la izquierda ha pasado de sumar 33 diputados a solo 25. El escenario obliga al PSOE, pero también a los partidos a la izquierda de los socialistas a mirarse en el espejo de la ciudadanía, hacer autocrítica y sentar las bases de lo que quieren ser desde ya. Y hacerlo con seriedad y con la certeza de que nada, y sobre todo nadie, se debe poner en medio de un objetivo que ha de ser compartido e irrenunciable. No hay varitas mágicas, pero el punto de partida es afrontar el horizonte con realismo y altura de miras, pero sobre todo con un proyecto político sólido y honesto, en el que los protagonismos estériles y las batallas de nombres, hombres y mujeres, queden desterrados. Este ha sido la principal causa de la sangría que han sufrido formaciones como Podemos, que se niega a reconocer errores garrafales uno tras otro.

Las propuestas lanzadas esta semana por Gabriel Rufián y Emilio Delgado, junto las que puso sobre la mesa ayer en Madrid la coalición integrada por IU, Sumar, Más Madrid y Comunes arrojan algo de luz al final del túnel, pero también dudas sobre el cómo articular la fórmula que sirva para que los partidos de izquierdas consigan ser eficaces, eficientes, integradores y sobre todo entendibles por un electorado que necesita creer en un proyecto que vaya más allá de la lucha contra la ultraderecha. Porque gran parte de la fuga de esos votantes tiene su origen en la incapacidad a la hora de resolver los problemas de unos ciudadanos que asisten impotentes a una guerra de guerrillas que solo genera desafección y desánimo.

Los potenciales votantes de estas formaciones necesitan creer en un proyecto que vaya más allá de la lucha contra la ultraderecha

Buscar solución al problema de la vivienda, la inseguridad ciudadana, la integración de los inmigrantes, la baja natalidad, la despoblación, el impulso del talento y la formación, el estímulo de la competitividad para tratar de elevar los salarios, la igualdad real y la lucha contra la violencia de género son asuntos que exigen ser abordados y a los que se debe dar una respuesta real, tangible y realizable. Y debe hacerse sin miedo ni prejuicios. Solo así la izquierda logrará recuperar el crédito que ha perdido como consecuencia de una lucha de egos inadmisible.

Unidad y diferenciación

Las experiencias de Extremadura y de Aragón dan algunas pistas de cuál podría ser la fórmula que han de aplicar los partidos de la izquierda, que pasa por buscar la unidad y por tratar de diferenciarse en cada territorio con una marca reconocible, arropada por el resto de fuerzas políticas. Se trata de un ejercicio de reflexión y de generosidad que no tiene precedentes, pero que hoy por hoy es la única alternativa con vistas a la celebración de las elecciones municipales y las generales de 2027.

El futuro de los partidos de la izquierda a la izquierda del PSOE pende de un hilo y depende de una gran renuncia, la de aquellos que piensan más en el partido y en los puestos que en un proyecto común. La pregunta es si los líderes de las formaciones que integran esa izquierda en estado de shock son capaces de ceder e irse, liderar sin peajes, aportar sin crear interferencias y luchas internas, sacrificarse para crear algo ilusionante y cimentar un proyecto que huya de los personalismos y consiga empatizar con los ciudadanos. El futuro de la izquierda está en juego y solo será posible si está dispuesta a la gran renuncia.

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