Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Con sentido / Sin sentido

Horizontes de la izquierda

Algo se mueve en el seno adormecido, noqueado de nuestra izquierda altersistémica. Rufián y Delgado dieron el primer y oportuno meneo, poniendo sobre el tablero dos desafíos urgentes, ineludibles ante a andanada reaccionaria mundial. El de ERC habló de la imperiosa necesidad de unirse para amarrar los escaños que se puede llevar Vox: la ley D’Hondt es inexorable y penaliza en las provincias medianas y pequeñas; el de Más Madrid instó a recobrar banderas de la izquierda, agenda y a esas clases trabajadoras que se alejan porque no se abordan sus problemas cotidianos, como la seguridad (tabú el progresismo oficial); ese purismo woke, se quejaba Emilio, ha dejado fuera de la casa de la izquierda desde los rurales que le gusta la caza hasta los partidarios de los toros o las procesiones. En este vacío han entrado las derechas con sus soluciones simplistas y demagógicas. Gabriel insistió, desde la autoridad que le confiere su éxito digital, en la imperiosa necesidad de recobrar el protagonismo en esos foros. La guerra de las redes la gana de momento la Carcunda, pues cuenta, como Franco en su cruzada, con ayuda internacional y tanta estrategia como descaro. Las modas se construyen y este afán por ser y parecer facha tiene proyecto, presupuesto y ladrillos.

De momento los confederales, conjurando la melancolía, daban «un paso al frente» para unirse en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Podemos no se suma: quiere preservar la etiqueta de izquierda pata negra –¿calculan que con un gobierno de derechas ese label cotizará al alza en la oposición– y quizá algunos silloncillos. Las proyecciones de escaños con los datos medios de las encuestas actuales revelan que una coalición de izquierda plurinacional (con Bildu, ERC y BNG) no aportaría escaños sustanciales, pero la división entre Sumar y Podemos sería letal, sobre todo en las circunscripciones pequeñas y medianas. Aun todos unidos sería difícil batir a las derechas que, según la demoscopia, alcanzarían hoy un 49,8% del voto con 188 escaños. El aldabonazo Rufián/Delgado tiene más valor emocional que aritmético, instando a la unidad entre los confederales, a la vez que exorcizando el clima derrotista de ese sector. Se necesita mucho empuje, generosidad (¿por qué no se van los muñidores de tanta inquina entre Sumar y Podemos?, ilusión y programas realistas para cumplir ese leitmotiv de «solventar los problemas de la gente». Aun con todo, las cosas no serán fáciles y habrá que confiar que la ola ultraderechista, a la que se ha subido el PP, remita y llegue aquí (en USA lo está haciendo por las cagadas de Trump) y que la ya acreditada torpeza e incapacidad de Feijóo encalle a su partido.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents