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Opinión | El mirador

La libre reciprocidad del mito

Desde épocas ancestrales, la necesidad humana de dar a conocer la experiencia vivida, basada en una tradición oral, se trasfiguró en mitos, leyendas que daban sentido a una objetividad racional con relatos que interpretaban sucesos producidos, en ocasiones, por fenómenos naturales, era todo aquello que suponía un significado idealizado con atributos emocionales. Los mitos se han conocido, principalmente por las secuencias simbólicas de rituales, por afrontar temores existenciales mediante explicaciones alegóricas, guiados por una tradición mantenida desde antiguas civilizaciones en Mesopotamia, Grecia, Roma, Escandinavia... La relación con la mitología se sigue sosteniendo por la necesidad de creer más allá del prosaico aburrimiento, además los ecosistemas mediáticos incitan con historias fantásticas elementos de mitos influyentes, misterios inacabados que sostienen ilusorias opciones jugando un papel de cercada manipulación, logrando un universo ficticio cuando personajes de calada intelectualidad llegan a conseguir convencimientos valorados por la masa multitud. La temática de la mitología se ha desarrollado y mantenido a través de los siglos por la corriente comunicativa que se produce, debido a que el relato erige mitos y leyendas de interés existencial, activando la necesidad de comprensión del sentido de la realidad. Concepto que no solo abarca la explicación científica, sino también las interpretaciones mitológicas de religiones que han participado a través de la función de los dioses y la ciencia. La simbología ayudó a crear imágenes para conseguir entendimientos y convicciones profundas. Este conocimiento se desarrolló, no solo a través de los rituales, sino también en el arte visual y la literatura, una manera de mantener los valores o el entendimiento de una civilización. Desde un punto de vista histórico, la memoria, identificada a través del conocimiento, nos proporciona revelaciones que suelen ser interpretadas y comparadas por la similitud de lo vivido. Los mitos han alcanzado teorías, basadas en antiguas leyendas con significados de una cosmovisión de nociones comunes o similares de las que forman parte: la devoción en los cultos, el arte visual, la ciencia… acoplándose en cada generación manteniendo vivos los valores de una cultura. Esta transmisión permitía que, símbolos complejos como el axis mundi (también llamado eje del mundo), vinculara el cielo con la tierra con rumbos de orientación a través de figuras diversas, manteniéndolas en la memoria colectiva.

Los mitos, basados en la genealogía y la literatura nos han proporcionado percepciones de amplia creatividad compartiendo sensaciones en el conocimiento del saber, obras tan conocidas como los poemas líricos de El Cantar de los Cantares. En el arte visual, la mayoría de los artistas se inspiraron en la histórica mitología, facilitado el significado. Obras que solían ser encargadas por reyes o personajes de la alta nobleza. La historia nos da a conocer el impacto que producían las representaciones temáticas como Venus y Adonis, de Francisco de Goya, Amor y Psique, de Angélica Kauffmann. Obras que figuraron, no solo como un cierto erotismo, sino como alegorías a la belleza, a la virtud de la divinidad. A mediados del siglo XIX, El Realismo dio lugar a obras como El origen del mundo, de Gustave Courbet. Esta corriente desafió los mitos para enfocar representaciones directas y objetivas de la vida cotidiana, de los problemas sociales y políticos, sin adornos. En la actualidad española el «realismo social» forma parte de violencias sexuales, asesinatos y vandalismo con beneficios de liberación anticipada, convirtiéndose en imágenes simbólicas con significado de lo que es un tercer grado, una determinación que nadie, de manera racional, entiende como se aplica la Justicia.

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