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Opinión

Feijóo sigue el guion marcado por Vox

El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, decidió ayer tomar el mando de las negociaciones que se están llevando a cabo en Extremadura y Aragón para poder sellar acuerdos con Vox que le permitan gobernar en ambas comunidades tras la celebración de elecciones autonómicas. El hecho de que los resultados de los comicios no llevaran al PP articular mayorías suficientes en ambos territorios como para poder sacar de la ecuación al partido de Abascal ha reabierto internamente el debate sobre cómo gestionar esa negociación y qué criterios seguir para llevarla a buen puerto, sobre todo tras comprobar que Vox ha crecido en escaños tanto en Aragón como en Extremadura. Y más todavía después de que la presidenta extremeña, María Guardiola, encendiese todas las alarmas en Génova al asegurar un día que no estaba dispuesta a «travestirse de Vox» y pocos días después afirmar que «el feminismo que defiendo es el feminismo que defiende Vox».

Feijóo siempre se ha mostrado partidario de dar libertad a los barones autonómicos para negociar y configurar sus gobiernos, pero todo parece haber cambiado tras los resultados electorales, los bandazos de Guardiola y los toques de atención dados por Abascal, que amenaza seriamente con no sellar acuerdos y abocar a nuevas elecciones en Extremadura si el PP no cumple con sus exigencias, tanto en el fondo (cuestiones ideológicas) como en las formas (negociación discreta y sin foco mediático). Esta nueva realidad impacta directamente en las negociaciones en Aragón, que ahora estarán pilotadas desde Génova, a pesar de que Jorge Azcón se ha mostrado partidario tras el 8F de cocinar un acuerdo «a fuego lento» y «de forma discreta» para que pueda ser «estable» y «global». Pero la pauta dada por Feijóo pone en el mismo plano a la presidenta extremeña y al aragonés, y le resta a este cierto margen de maniobra.

El líder del PP trata de reconducir una situación que, por otra parte, nunca ha tenido controlada porque la estrategia no ha respondido a las expectativas que se marcó. Así, vuelve a cambiar de tercio en un momento decisivo que le lleve a cerrar un pacto en Extremadura, encauzar el de Aragón y a tan solo unos días del inicio de la campaña electoral en Castilla y León. Y lo hace para volver a seguir los pasos que le marca Vox, no solo en el fondo sino también en las formas, a pesar de que son los populares los que tienen la mayoría tras el dictamen de las urnas en las elecciones autonómicas y, por consiguiente, debería ser el PP el que ejerza el liderazgo a la hora de pilotar esa negociación. Pero fue el propio secretario general de Vox, Ignacio Garriga, quien anunció ayer «un nuevo formato negociador que he trasladado a los equipos negociadores» y avanzó que habrá dos fases diferenciadas en la negociación, la primera para «llegar a un acuerdo detallado», con «medidas concretas», y la segunda sobre la configuración de un posible gobierno de coalición, con el reparto de consejerías y otros cargos de responsabilidad, y retribución, en esos próximos Ejecutivos autonómicos. El guion de Feijóo parece escrito. Aunque a la vez Génova trata de trasladar la sensación de que tiene el control del marco negociador, con decisiones como el «decálogo» que ayer aprobó y con el que pretende rechazar «cualquier forma de chantaje parlamentario». El tiempo dirá cuántos de estos puntos se acaban cumpliendo entre el PP y Vox.

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