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Opinión

El Partenón

La historiadora Mary Beard, experta en la Antigüedad mediterránea, ha medido sus fuerzas con uno de los grandes iconos del período clásico heleno: el Partenón. Aquel soberbio templo, una de las maravillas del mundo, elevado en tiempos de Pericles por los arquitectos Ictino y Calícrates, con la colaboración de Fidias en la estatuaria, (particularmente en la gigantesca talla de la diosa Atenea, originalmente decorada con marfil y oro), supuso la identificación de la Acrópolis con la primera de la ciudades-estado. Para continuar siendo hoy en día el Partenón símbolo de equilibrio y belleza.

Su historia, sin embargo, no ha sido plácida. Mary Beard nos la va recordando en su nuevo ensayo El Partenón (editorial Crítica), un trabajo minucioso y, al mismo tiempo, amenamente redactado por la prosa analítica y socarrona de esta historiadora tan proclive a la divulgación como a la emisión de opiniones propias.

Ciertamente, la propia evolución del Partenón se presta a ello, debido a sus frecuentes cambios, reformas, destrucciones, reconstrucciones, saqueos... La imagen que del monumento tenemos es el resultado de la gran reforma de principio del siglo XX acometida por el ingeniero griego Balanos. A finales de la centuria anterior, el Partenón ofrecía un aspecto lamentable. Sus frisos habían sido trasladados a Gran Bretaña por lord Elgin; una mezquita árabe, construida por los turcos, afeaba su interior; y del montón de piedras caídas cualquier vecino podía abastecerse sin dar explicaciones. Balanos se esforzó por recuperar los materiales y formas originales, acercándose en lo posible a un diseño original perdido o difuminado en la noche de los tiempos, hasta «resucitar» el templo con el aspecto que en la actualidad luce, para asombro y placer de los millones de turistas que lo visitan anualmente.

En paralelo a sus vicisitudes arquitectónicas, esta joya arquitectónica ha venido arrastrando un sinfín de polémicas. La más ardua sería la devolución de los «mármoles» expoliados y exhibidos en museos europeos, sobre todo en el British Museum. Grecia no ha cesado de reclamarlos, en especial desde que su mítica ministra de Cultura, Melina Mercouri, hizo del asunto causa belli.

Son todavía muchos los secretos y misterios del gran templo dórico. Mary Beard nos desvela o descubre unos cuantos, a cual más interesante.

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