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Opinión

La victoria/derrota de Azcón

El domingo 8 de febrero, hace ya casi veinte días, en las elecciones para conformar un nuevo parlamento en Aragón y, a ser posible, gobierno autonómico, el PP ha resultado vencedor, por lo que afirmar que Jorge Azcón ha sido el ganador es una obviedad. Si en el título de este artículo he destacado ese hecho, pero añadiendo que también ha sido derrotado, no es fácilmente entendible, por lo que voy a explicarme.

Solemos utilizar terminología deportiva para referirnos a otras realidades y las elecciones son terreno abonado para ello. Un partido, y su líder especialmente, resulta vencedor y todos los demás perdedores. Esto es así, pero la vida política es mucho más rica y diversa, por lo que aceptamos que no haya un único vencedor y, en consecuencia, no todos los que no han quedado primeros son de forma absoluta perdedores. Lo mismo ocurre con las expectativas que pueden llevar a un partido a ganar respecto a los demás, pero a perder conforme a los resultados esperados.

El 21 de diciembre pasado hubo elecciones autonómicas en Extremadura. Tras la reforma de su estatuto y ley electoral, de forma similar a lo hecho en Aragón, la presidenta de esa CA disolvió el parlamento y convocó elecciones, por primera vez haciendo uso de la facultad de disolución anticipada, reduciendo la legislatura a menos de cuatro años. El mismo proceder ha sido el del presidente de Aragón que, por primera vez, ha utilizado esa facultad. La proximidad de las dos fechas, menos de dos meses entre ambas, además de las declaraciones de algunos líderes del PP, nos llevan a plantearnos el objetivo de las dos citas electorales. Si bien el poder de disolución lo tienen la presidenta extremeña y el presidente aragonés, la impresión que ha quedado en muchos analistas y ciudadanos atentos al discurrir de la vida política es que ha sido la misma persona la que ha tomado esa decisión: Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, de acuerdo con la estrategia de su partido. La idea puede resumirse así: dado que hasta el verano de 2026 deben realizarse elecciones autonómicas en dos CCAA, Castilla y León, y Andalucía, si en otras dos, Extremadura y Aragón, se plantean otras, de acuerdo con un calendario previamente estudiado se podrían encadenar cuatro elecciones en las que el PP ganaría y el PSOE perdería, provocando una importante erosión al presidente del gobierno de España y líder del partido perdedor, Pedro Sánchez. Este planteamiento, una vez aprobado por los órganos competentes del PP, se pone en marcha.

El presidente aragonés, cuando anunció la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones, afirmó que lo hacía por el bien de Aragón. Y aquí debemos apuntarle una evidente derrota ya que mentir suele ser un debe, tal vez a medio plazo, que los ciudadanos no olvidarán. En ningún precepto legal se le obliga a explicar los motivos de esa decisión, basta con especificar que se cumplen los requisitos legales previstos.

Una vez iniciada la campaña electoral ha sido muy vistoso en diferentes actos del PP, con el candidato Azcón presente, en los que solo se han visto banderas de España y en las que el vencedor formal del 8F ha afirmado que el resultado de esas elecciones debería verse como una bofetada a Sánchez, mezclando y confundiendo los ámbitos general y aragonés. Más de uno, y de dos votantes, habrán tenido en su retina esas imágenes.

Siguiendo con la campaña fue muy llamativo, y razón de su selección entre todas las posibles, la presencia de la presidenta de la CA de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, líder que en el viciado ambiente político y mediático de la capital de España resulta muy atractiva, pero que fuera de esa burbuja solo es aplaudida por los muy cafeteros. Dudo que algún posible votante de esos que se sitúan en el centro del espectro derecha-izquierda, sin ser de partido alguno, vaya a votar por simpatía a esta señora, que en sus intervenciones no hizo referencia alguna a Aragón, solo leña al mono, es decir, al presidente Sánchez. Continuando con la campaña, verdadero estupor ha producido a muchos simpatizantes y votantes del PP la presencia de Vito Quiles y del grupo musical (es un decir) Los Meconios (nombre que traducido al lenguaje ordinario produce repugnancia) en el último de los mítines. Pocos mensajes más potentes que la presencia de un agitador profesional cuya ideología solo se puede expresar diciendo que provoca odio y la de unos jóvenes berreando algo así como que queremos volver al 36. No es posible determinar las ganancias o pérdidas de estas presencias en el recuento de votos, pero me atrevo a afirmar que en el recuerdo de muchos aragoneses la decisión, que suponemos ha tomado él, es una verdadera derrota frente a lo que entendemos por decencia en el gobierno de los intereses comunes de los ciudadanos.

No se trata de recordar que la presidenta Guardiola sacó más escaños de los que tenía y el presidente Azcón menos, y tampoco los diputados que ha ganado VOX. El concepto de victoria/derrota que estoy utilizando va más allá, mucho más, puesto que quien se sitúa al frente de un ejecutivo debe liderar al conjunto de los ciudadanos, y no puede sumar como victoria lanzar estas imágenes y mensajes a los que me he referido en este artículo.

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