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Opinión

España y sus regiones

Alguien debería decirle a Santiago Abascal (y a Isabel Díaz Ayuso), que en España no existen las «regiones». Ambos, y muchos de sus compañeros de partido (así como los medios de comunicación más retrógrados), siguen denominando con un erróneo e inoportuno, aunque tal vez interesado, arcaísmo, la moderna división en territorios autónomos del Estado español.

«Regiones» solo existieron durante el franquismo. Fueron entonces, durante cuarenta años de dictadura piramidal, demarcaciones puramente geográficas, sin institución propia alguna ni la menor capacidad de gobernarse. Nada que ver con las comunidades autónomas que hoy conforman y articulan el territorio español, con sus respectivas presidencias, parlamentos y defensores del pueblo.

Las llame, en cualquier caso, como las llame Abascal, va a tener que gobernarlas. Los votos populares así lo han decidido. En acuerdo o alianza con el PP, Vox tiene la oportunidad de facilitar la gobernabilidad o gobernar en Extremadura, Aragón, y muy próximamente en Castilla y León. Pueden hacerlo de dos formas: como si fueran colonias de un poder central o como entes capaces de administrarse de una manera eficaz y singular, dentro del criterio de unidad del Estado español.

Asimismo Vox, de mantenerse la tendencia, tendrá en no mucho tiempo la ocasión de influir en los grandes asuntos del país, sus presupuestos, economías, políticas internacionales...

Y también en el agua, que vuelve a ser objeto de debate y deseo. Feijóo, con ese tan suyo «bien quedar», ha propuesto un pacto nacional para resolver sus carencias y ajustar aprovechamientos, sin nombrar la palabra «trasvase». Pero Abascal ha pedido directamente trasvasar el Ebro al Levante, como ya intentaron antes que él, para fracasar en su empeño, Franco, Pujol, Borrell y Aznar. Vociferando bajo los puentes del Pilar que quieren llevar al río a Murcia es imposible gobernar en Aragón, pero Vox sabrá lo que hace, lo que quiere y para quién (para los aragoneses, desde luego que no).

Señores de Vox y del ala NOSTÁLGICA del PP: del mismo modo que ya no existen las avenidas del Generalísimo ni las plazas de José Antonio, las «regiones» tampoco.

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