Opinión | EL RINCÓN DE PENSAR

Subdirector de "El Periódico de Aragón"
Con amigos como Feijóo...
A veces en el Partido Popular da la sensación de que sus peores enemigos los tienen en su propia casa. Lo ocurrido esta semana con la dirección nacional de Génova es un claro ejemplo de que su líder, Alberto Núñez Feijóo, es más valioso cuando calla que cuando intenta ayudar. Después de tantos días de silencio tras el 8F por parte de Jorge Azcón, ganador indiscutible en las urnas siendo uno de los grandes derrotados de esta contienda en Aragón tras el ascenso meteórico de la extrema derecha, resulta que a sus jefes de Madrid se les ocurre que para encauzar las negociaciones lo mejor es intervenir. Quizá pensando en la alborotada María Guardiola en Extremadura acabó dándole un pellizco a los dos, y montando un jaleo que apenas le duró 24 horas. Porque se sacó de la manga un decálogo que depende del párrafo que leyeras parecía una perogrullada o un golpe directo al bazo de Abascal. Salir un día hablando de «chantaje parlamentario» de Vox, de que nadie les va a obligar a incumplir la ley para rectificar al día siguiente y matizar lo ya matizado previamente por otro para acabar reconociendo que en realidad es un borrador de un borrador y que entre todos deben darle forma... ¿Se puede saber de qué manera está ayudando así a nadie en Aragón, Extremadura o cualquier comunidad que se tome esto de pactar mínimamente en serio?
Feijóo hace tiempo que perdió la brújula de lo que quiere ser y con sus vaivenes está arrastrando a todos los territorios que gobierna el PP. Su ansiedad por derrocar a Sánchez abocó a Guardiola y a Azcón a adelantar elecciones. Las urnas, lejos de frenar el ascenso de Abascal, lo han acelerado, y cuando ya tiene a ambas comunidades empantanadas en una situación ingobernable, con el mínimo efecto en su máximo rival socialista, resulta que se ve con fuerzas de hacer una demostración de poder para tratar de demostrar a no sé quién, que él puede supervisar, tulelar y liderar la conformación de un gobierno estable en Aragón o donde le apetezca. Porque él manda en su casa.
Pero claro, anuncia un marco de negociación alegando que hay que seguir una unidad de acción que ya no se cree nadie, porque él mismo lo rompió en la Comunidad Valenciana para hacer presidente a Pérez Llorca, arrodillado ante la ultraderecha, porque allí unas elecciones anticipadas no le interesaban. Allí su estrategia no funcionaría y por eso no se hizo. Por eso cuando trata de coger las riendas en Aragón sale trasquilado. Porque es esa credibilidad, la suya, la que está más en entredicho que nunca. Y quizá toda esa estrategia de Génova acabe volviéndose en su contra y acabe siendo él quien no acabe la legislatura.
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