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Opinión | EDITORIAL

Motorland ahora necesita un futuro sin MotoGP

El circuito de Motorland se encamina irremediablemente hacia la puerta de salida del Mundial de MotoGP, el olimpo del motociclismo mundial en el que ha estado durante 15 años. Aragón emprende los últimos meses para concienciarse de que se acabó un sueño que no sale barato para las arcas públicas y que se caerá del calendario de Dorna, ahora dominada por la americana Liberty, pasando a la reserva y cruzando los dedos para que algunos de los circuitos elegidos no llegue a tiempo de ejecutar las obras que necesita para acceder a la élite de la que Alcañiz sale expulsada. Porque lo más triste de que este desenlace se produzca es que, parafraseando al mandamás de este campeonato, Carmelo Ezpeleta, Aragón no podrá quedarse aunque sí quiere hacerlo. Y es que no abandona este negocio porque haya decidido poner fin a ese pozo sin fondo que siempre ha sido la MotoGP, una cita por la que cada año ha desembolsado cantidades millonarias y que ha ido creciendo a un ritmo del 3% anual en los últimos ejercicios. Se queda fuera porque a pesar de que la Administración autonómica está dispuesta a pagar los 12 millones de euros que van a apoquinar todos los circuitos que sí estarán en 2027 en ese calendario, y de que esa cifra ya sean 3,5 millones más de los que va a abonar este 2026 para que el Mundial llegue en agosto, ese esfuerzo económico es insuficiente para lo que piden los dueños de este olimpo. Dorna y Liberty dan más importancia a la captación de ingresos que se obtienen al margen de los estrictamente deportivo y ahí Alcañiz no tiene nada que hacer.

El año pasado, el presidente del consejo de administración de Motorland, turolense y consejero de Medio Ambiente de la DGA, Manuel Blasco, llegó a decir en la presentación de MotoGP en Zaragoza que para renovar el contrato «si hay que vestirse de jeque árabe, yo estoy dispuesto a hacerlo», dando a entender que esto era una especie de subasta al mejor postor. Pues bien, ni con esas habría permanecido en la élite del motociclismo, porque ahora lo que se pide no es dinero, es todo lo que le falta a Alcañiz por la inacción de las administraciones o porque realmente es un esfuerzo desproporcionado para un entorno que no solo vive de una semana al año de motociclismo. Quizá en el futuro ese negocio cambie y vuelva a buscar solo los mejores circuitos para carreras, porque ahí Motorland sí tendría opciones.

Ahora llega la hora de la verdad, pensar en una vida sin MotoGP para Motorland, y eso es, y siempre ha sido, lo realmente complicado. Sin abandonar la obligada reflexión sobre ese déficit de infraestructuras, que aleja muchas oportunidades del Bajo Aragón, no solo esta. Pero pensando también en medir el efecto real de ese reclamo que representa tener un circuito donde corren Márquez, Bagnaia y otros muchos ídolos que los aficionados quieren imitar en los mismos lugares donde ellos compiten. Hay que medir el riesgo que representa perder ese imán para atraer los eventos que se organizan en la pista aragonesa y comprobar cuántos de ellos lo hacen por ser un circuito de élite. Y trazar un plan b que la DGA no querría, con ninguno de los gobiernos, pero es ya casi inevitable. Y reflexionar en su conjunto, con municipios y la provincia, qué parte de responsabilidad tiene cada administración. En su parte alícuota, como en las innumerables ampliaciones de capital aprobadas para mantener ese sueño en el olimpo.

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