Opinión
Burócratas y burócratas
He sido un burócrata durante más de 40 años, los que he trabajado en la administración, gestionando procedimientos y documentación.
La burocracia es imprescindible para garantizar la igualdad y evitar que funcionarios y autoridades actúen con discrecionalidad. Cualquier acto que conlleve una decisión administrativa requiere «papeleo». Sea una licencia de obras o de actividad, la solicitud de una ayuda o subvención, la valoración de una situación de dependencia, el alquiler de una vivienda pública o la renovación del carnet de conducir.
Todo lo que deba resolver la Administración requiere una norma que establezca requisitos y condiciones para que quien ha de informar o resolver respete ese marco igual para todo solicitante.
Sin normas, sin procedimientos ni documentación («papeleo»), sin burocracia sólo habría discrecionalidad. El problema, en consecuencia, no es la burocracia, sino el exceso de burocracia. Cuando los procedimientos son más complicados de lo necesario o cuando se exige documentación que no es imprescindible.
Inicié mi carrera en la administración en los años 70 del pasado siglo, en un departamento de tributos en el Ayuntamiento de Zaragoza. Entonces muchos funcionarios queríamos reducir la carga administrativa que llegaba hasta el absurdo en aquella etapa no democrática. Quizás los más mayores recuerden el «por triplicado ejemplar», que sólo servía para acumular montañas de papel. Sin necesidad de cambiar ninguna norma, en muchas «ventanillas» dejamos de exigir el triplicado ejemplar.
Queríamos simplificar los procedimientos y aligerar la documentación hasta el mínimo imprescindible. Conseguimos que desaparecieran «las ventanillas». Nos ilusionaba imaginar y construir una administración más amable y accesible.
Cuando tuve oportunidad de diseñar procedimientos en la administración autonómica o en la central, mantuve esa cultura. Más aún cuando tuve responsabilidades en el albergue para personas sin hogar y en la residencia municipal para personas mayores. Siendo personas tan vulnerables, siempre intenté facilitar cualquier trámite o solicitud.
En mis primeros años en la administración no teníamos ordenadores. Por eso pensábamos que la informática iba a ayudar mucho a simplificar la burocracia. Sin embargo, la realidad es que, en vez de simplificarla, a veces la hace insoportable.
El exceso de burocracia es queja recurrente en la sociedad, desde empresarios que se quejan de los procedimientos farragosos y extraordinariamente lentos para obtener licencia para una actividad, hasta agricultores y ganaderos que claman contra la burocracia de la PAC. Y, por supuesto, en el ámbito social llevamos años denunciando los procedimientos complejos que retrasan o impiden ayudas de urgente necesidad, la concesión del Ingreso Mínimo Vital o la gestión de la dependencia.
El exceso de burocracia nos afecta en muchos otros momentos en nuestras relaciones con la administración, como he tenido oportunidad de comprobar recientemente: acudí a una oficina autonómica a declarar un acto que estaba exento de tributar. Pensaba que sería suficiente presentar un escrito, acompañado del original y copia de los documentos de identidad de las personas implicadas y de la transferencia económica que probaba ese acto. De entrada, me preguntaron si tenía cita previa; no la tenía, claro, pero me dejaron pasar. Las funcionarias que me atendieron me dieron el documento que debería cumplimentar y me dijeron que era obligatorio que todo el trámite lo realizar on-line. Vieron mi cara de estupor y trataron de animarme diciéndome lo fácil que era y, como prueba, me entregaron un folleto ¡de 23 páginas! donde se explica todo paso a paso. Pero cuando me vine abajo es cuando me dijeron que, una vez que consiguiera cumplir ese trámite informático ¡tenía que pedir cita previa para presentar en mano toda la documentación! ¿No sería más fácil presentarlo en mano, como toda la vida, o on-line, quien quiera hacerlo así? A pesar de mi experiencia de más de 40 años en la administración he tenido que acudir a una gestoría para un trámite que hace décadas lo habríamos hecho sin más complicaciones y sin citas previas.
Las nuevas tecnologías y la cita previa deberían usarse para agilizar y simplificar la burocracia, y no para complicar nuestras relaciones con la administración.
El exceso de burocracia es una rémora para el desarrollo económico, una crueldad para personas y familias que necesitan ayuda, y una complicación para cualquiera que tenga que realizar un trámite administrativo. El exceso de burocracia aleja al ciudadano de la administración, desprestigia lo público.
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