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Opinión

William Boyd

Hablar de William Boyd suele ser tan grato como lo son sus novelas de los últimos años. Si bien, habidos sus espaciosos plazos de entrega, nos venga deleitando a cuentagotas. La nueva, La luna de Gabriel (Alfaguara), que devoro con hambre atrasada, es francamente completa. Revelando, en su arquitectura y desarrollo, algo que ya sabíamos: Boyd domina como pocos el arte de la novela popular. Que consiste, en cuatro palabras, en mantener al lector intrigado y entretenido a partes iguales.

La intriga de La luna de Gabriel está servida a raíz de que un periodista británico consiguiera entrevistar a Patrick Lumumba, el líder comunista del antiguo Congo belga, días antes de ser asesinado... ¿por quién? Tal vez en las cintas grabadas por el reportero pudiera encontrarse alguna clave; una respuesta, incluso; y de ahí los extraños personajes que comienzan a acercársele con motivos o fines en apariencia inocuos, pero... ¿No eran los mejores espías aquellos de los que jamás nadie sospecharía?

La luna de Gabriel es una novela de espionaje, desde luego, muy canónica y oportunamente ambientada en los años sesenta, en plena escalada de la llamada guerra fría. Pero, también, algo más: una historia redonda de aquellas que se escribían antes, con muchos personajes e incesante acción, pero asimismo con una penetración psicológica proyectada hacia el interior de los roles principales. Acerca de los cuales, el lector irá poco a poco, página a página conociendo un poco mejor sus almas, los rincones oscuros de su moral y las encrucijadas éticas a las que, a menudo, serán arrastrados como servidores de nobles ideales (defensa de las democracias occidentales, de la libertad de expresión, los derechos civiles...). Abocados, sin embargo, a utilizar métodos menos nobles o nada convencionales. O, directamente, al margen de la ley: la extorsión, la amenaza, el crimen...

Un mundo, el de los espías, que se presta como pocos al análisis de una historia contemporánea que, en su letra pequeña, poco o nada tiene que ver con los grandes titulares de los medios de comunicación.

Y un universo, el de William Boyd, donde las esperanzas y los sueños, el dolor, el amor, la traición y la necesidad de alterar la realidad y la «verdad» del mundo actual se resuelven en clave de gloriosas ficciones.

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