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Opinión

Hernández, Fernández y Rodríguez

El Senado español viene dando una imagen tan inapropiada que, realmente, la idea de echar la persiana a esa Cámara y ahorrarse el gasto millonario de su mantenimiento cada parece menos absurda.

Sus señorías, en particular los del PP, se han empeñado en convertir lo que debería ser, ante todo, un foro de equilibrio territorial, en una comisaría de guardia.

A su sala de interrogatorios van metiendo a todo aquel que su reglamento les permite, procediendo, a fin de esclarecer su participación en tal o cual asunto público de dudosa moral, a someterlo a una «batería» de preguntas supuestamente incisivas.

Pero hasta ahora, gracias a la inoperancia de los «agentes», «inspectores» o «comisarios» de Feijóo, todos los sospechosos han sido absueltos; logrando incluso, al término de sus inofensivos careos, salir del Senado con la sonrisa abierta y el signo de la victoria en alto. ¿Cómo? Muy fácilmente. Igual que Koldo o Ábalos, entre otros «procesados» en el senatorial tribunal, todos los «sospechosos» se limitaron a negar haber cometido cualquier irregularidad, y con eso se fueron de rositas.

No habría sido así de haber los «sabuesos» del PP trabajado un poco más, investigado por su cuenta aportando algún dato o documento nuevo que justificase la apertura de una «vista oral» en dependencias de la Cámara Alta. Pero, desde que el comisario Villarejo no está operativo, ya no hay más conejos en la chistera ni más ratas en las cloacas. Limitándose sus agudas señorías a repetir o, como mucho, a interpretar, lo que han leído en la prensa.

Parecida y chusca escena ha vuelto a repetirse con el anunciado «interrogatorio» al ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Gracias a todo lo que habían «estudiado» en los medios, los «fiscales» se las prometían muy felices atornillándole sobre el rescate de la compañía Plus Ultra y sus actividades políticas en Venezuela, pero al negarlo él todo, de plano, categóricamente, se quedaron sin munición. Un fiscal de verdad habría encontrado alguna puerta nueva o gatera en la que Zapatero se dejara algún que otro pelo, pero aquí, en este Senado patéticamente adulterado en cámara de inquisición, ni siquiera eso se vio.

¿Continuarán nuestros senadores jugando a los Hernández y Fernández de las aventuras de Tintín o harán algo por las provincias por las que fueron elegidos?

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