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Opinión

Obviedades que hay que decir

No aprendieron nada, no se arrepienten de nada, tropezarán mil veces en la misma piedra porque lo suyo no son los principios, ni los valores definitorios de la Unión europea, ni la defensa de la legalidad internacional (incluidos los derechos humanos), ni la diplomacia, ni la ética, ni siquiera la defensa de la paz y el repudio a la barbarie de la guerra. No hay más que ver la cara avinagrada de Aznar, ese semblante de malote de película de serie B rescatada del fondo de lo peor del saco de la Historia, esos aires de superioridad bufa, esa pretensión inútil de abrir la boca para decir algo constructivo, esa referencia permanente al apocalipsis de una España gobernada por alguien que no sea él.

No hay más que oír lo que dice Feijóo en esta crisis mundial, sin más fondo de armario intelectual que las ocurrencias de los mediocres que tiene alrededor. Lo suyo es agachar la cabeza, rodilla en tierra, como el vasallo más servil ante el matón de patio del colegio, siguiendo todos sus delirios, compartiendo todas sus psicopatadas que, saltándose el Derecho Internacional, Naciones Unidas y lo que haga falta, nos conducen a la selva. Hay que ser patriota de hojalata para alinearse con los agresores.

Hay que ser cínico para recordar los derechos de las mujeres musulmanas y capaces de tragarse una vez más la guerra preventiva, como si no supiéramos ya hasta donde llegan los infundios de quien quiere imponer su poder para favorecer una vez más a los más poderosos. Como si no hubiera más tiranos amigos. Todavía Aznar no ha pedido perdón por sus inmensas mentiras que tuvieron un alto coste para el mundo y para España.

Se han quedado descolocados cuando la posición alineada con el Derecho Internacional de España ha ganado apoyos incluso entre los más sensatos de los Estados Unidos. Cuando no se respetan las Leyes que rigen las relaciones internacionales, cualquier barbarie es posible. Lo hemos visto con decenas de miles de muertos en Gaza. Lo seguimos viendo en Ucrania. La guerra nunca es la solución. Por eso sigue teniendo sentido gritar con todas nuestras fuerzas NO A LA GUERRA.

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