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Opinión

Parálisis

La actitud de Vox en Aragón y en Extremadura, alejándose radicalmente de cualquier pacto, incluso de cualquier acuerdo con el Partido Popular, ha complicado extraordinariamente la gobernabilidad en ambas comunidades autónomas. Contra lo que la gran mayoría de votantes y analistas suponían, la unión entre ambas derechas no se ha producido a raíz de sus buenos resultados en los recientes comicios autonómicos.

Muy por el contrario, todos los puentes de negociación que parecían haber sido tendidos durante las respectivas campañas, así como en las relaciones entre Vox y PP en el Congreso de los Diputados, se han dinamitado.

El hecho de que, en Extremadura, Vox haya votado en contra de la candidata del PP, María Guardiola, y de que en Aragón se haya abstenido en la elección de María Navarro, da una idea de lo alejado de su posición respecto a la necesidad del PP por compartir espacios institucionales a fin de evitar derrotas parlamentarias.

¿Quién habrá tenido la culpa de tan sonoro disenso? Es de suponer que los populares, tanto en Zaragoza como en Badajoz, ofrecieron a los de Santiago Abascal cargos y razones de peso, pero ninguna de esas ofertas, renuncias, concesiones o participaciones (como se quiera llamarlas), tuvo efecto persuasivo.

¿Por qué? ¿Aspiraban a más cargos los de Vox, porque les ofrecían pocos, o necesitaban otras razones, al no convencerles las expuestas? Abascal insiste en que ellos no quieren poltronas, sino la incorporación a parlamentos y gobiernos autónomos de otros modos de hacer política. Feijóo, conciliador, le ha ofrecido en público –imagino que con mayor insistencia en privado–, modificar o incluir en su programa propuestas de quien necesita como socio, pero de nada ha servido. Dando, incluso, la impresión de que ambos partidos hablan lenguajes distintos, proceden de ideologías diferentes y pretenden llegar a metas no coincidentes.

Si eso es así, si Vox no tiene casi nada que ver con el PP, si no acepta su mano tendida y prefiere continuar su camino en solitario se llegará en breve al bloqueo en la gestión autonómica allá donde gobiernan los azules. Y, a medio plazo, a idéntica parálisis en un Congreso sin mayoría. ¿La gente ha votado esto?

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