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Opinión | editorial

Frente aragonés ante la guerra

La preocupación por el impacto de la guerra en Irán y las tensiones comerciales con Estados Unidos en la economía aragonesa es máxima, la escalada de precios de los carburantes es solo la punta del iceberg en una repercusión a gran escala que pone en alerta a todos los sectores afectados por un efecto dominó en el que la incertidumbre obliga a tomar medidas o prepararse ante todos los escenarios posibles. Y es ese contexto el que provoca que el Gobierno de Aragón mueva ficha y reúna al tejido empresarial y social para analizar todas las ayudas y herramientas a su alcance para paliar los efectos directos que el conflicto bélico pueda tener, tanto los que ya se empiezan a notar como los que pueden derivarse de una contienda prolongada en el tiempo. Por esa razón, ayer la DGA convocó al Consejo Asesor para la Internacionalización de las Empresas Aragonesas, para aportar tranquilidad y proponer medidas en las que trabajar en este contexto tan volátil. Quizá por eso su primera medida estrella sea su compromiso de activar medidas fiscales o permitir a las compañías afectadas por la guerra en Oriente Medio que puedan aplazar o fraccionar las deudas tributarias que ya tienen con la Hacienda autonómica. Dentro de un paquete de medidas que cuantificó en más de 50 en el corto y medio plazo pero que en realidad podrían ser muchas más conforme avance la guerra o muchas menos si sus protagonistas, principalmente el presidente estadounidense, Donald Trump, o el Gobierno iraní deciden poner fin a su delirante escalada bélica. Es precisamente esa incertidumbre ante la que urge actuar y para ello la principal novedad en Aragón ayer fue la capacidad, como ya hicieran con la guerra entre Ucrania y Rusia o con la pandemia del covid, de poder conformar un frente común. La unidad siempre da más certidumbres que la división y de eso ya hay ejemplos prácticos en los que refugiarse, mientras las bolsas se hunden o el mercado sufre la constante zozobra que provocan los bombardeos o el bloqueo en Ormuz.

Una de las cuestiones primordiales ayer en la reunión a la que acudieron organizaciones empresariales y sindicatos fue la de analizar el diagnóstico de la situación actual, una radiografía que todos comparten. También ocurre en otras esferas, como la del Gobierno central con las mismas organizaciones empresariales y sindicales nacionales, pero quizá sus medidas sean distintas cuando toque adoptarlas. También los partidos tienen diferentes varas de medir, por ejemplo el PP reclama a Pedro Sánchez una reducción inmediata de impuestos que en el caso de Aragón, donde tiene mando y capacidad para ejecutarlo, no anuncia como medida estrella propia. Pero esta guerra, la de atajar el impacto en la economía de este tipo de acontecimientos, también tendrá diferentes recetas, ya que de eso también hay ejemplos prácticos conocidos en el pasado.

Pero la unidad de acción siempre es relevante, para apaciguar la alerta en el comercio exterior de la comunidad y también la del conjunto de la población, que aún no sabe bien cómo pero sí que tarde o temprano le va a afectar en su día a día. Así que habrá que esperar a conocer en las «próximas semanas» cuál es el plan de 56 medidas de Aragón, con el que reforzar la resiliencia de las más de mil empresas que están entre las afectadas por este conflicto internacional y las tensiones comerciales con Estados Unidos. Porque sobrevivir a este tsunami comercial siempre será vencer y esta guerra ya está teniendo demasiadas víctimas.

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