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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Pactar o votar

Los últimos movimientos políticos, traducidos de las citas electorales de Extremadura, Aragón, y Castilla-León, apuntan a un bipartidismo imperfecto. El que realmente, con contadas excepciones, ha venido rigiendo en las últimas décadas en España. Pues, a pesar de su hegemonía en la derecha y en la izquierda, respectivamente, ni PP ni PSOE habrían conseguido gobernar de no haber sido con apoyos de otros partidos (Izquierda Unida, PNV, Esquerra, Bildu, etcétera).

Esa situación de dependencia de las dos principales fuerzas va a mantenerse en un futuro próximo. La imposibilidad de alcanzar mayorías absolutas, tanto en las comunidades autónomas como en el gobierno central, condicionará los futuros pactos. Muy incómodos para ambos actores protagonistas, pero necesarios para la gobernación.

Nunca, ni en Madrid ni en las comunidades, ha sido fácil llegar a acuerdos de legislatura. Muchos de esos pactos se quebraron a mitad de camino, abandonando las instituciones a una inestabilidad permanente y a la imposibilidad de actualizar las bases presupuestarias sobre la que toda gestión del ejecutivo descansa.

Hoy, la alianza pendiente es entre PP-Vox para gobernar las tres comunidades citadas. La victoria de los candidatos de Feijóo en Extremadura, Aragón y Castilla-León de nada servirá si Guardiola, Azcón y Mañueco no integran a los de Abascal.

Para ello, según ha avanzado el líder de Vox, deberán ceder en algunos principios ideológicos y acordar numerosas medidas puntuales, una por una, con la garantía adjunta del correspondiente presupuesto.

Memoria histórica, emigración, seguridad, ayudas al campo y oposición al marco europeo en distintos aspectos de la economía global parecen resumir las exigencias de una derecha radical que, poco a poco, a cuentagotas, va entrando en el juego parlamentario, en la normalidad democrática, si bien manteniendo en fondo y forma principios para ellos irrenunciables, de difícil encaje en la Constitución. Una situación políticamente enrevesada, pero de ningún modo insoluble. Caso de que lo fuere, de que Vox y PP se muestren incapaces de pactar, no quedaría otra que el apoyo socialista a la gobernanza de las comunidades «en funciones» o la repetición electoral.

Asimismo a la izquierda quedan pendientes estrategias y pactos, pero dejaremos ese análisis para otra columna.

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