Opinión
¿Tocaremos fondo?
La democracia está en peligro. Tecleen esta frase en su buscador de Internet y podrán corroborarlo hasta con informes europeos: los populismos, la intolerancia, la desinformación, los bulos y los insultos están generando mucho malestar, incluso actitudes violentas que la ponen en peligro. El fascismo se acerca. Pregúntenle también al señor Google que les explicará cómo se están socavando las instituciones democráticas promoviendo nacionalismos patrioteros y demonizando a los rivales y a las minorías.
Pero no es necesario consultar en Internet ni leer informes de sesudos politólogos; tan solo hay que interesarse por el avance de la extrema derecha y por las guerras, salvajemente injustas, contra Ucrania, Gaza, Líbano o Irán, capitaneadas por unos dirigentes: Putin, Trump y Netanyahu que se pasan el derecho internacional por el arco del triunfo. Pero no hace falta que salgamos de España. En las elecciones autonómicas celebradas en Extremadura, Aragón y Castilla y León el avance de partidos de extrema derecha, como Vox o Salf, pone en riesgo nuestra salud democrática a caballo de mensajes racistas, homófobos y machistas legitimados por un PP que copia casi miméticamente sus múltiples barbaridades.
Centrándome en Aragón, es comprensible que el pasado 8 de febrero los electores le dijeran a Podemos y al PAR que ya no eran herramientas útiles. Puede entenderse que a Teruel Existe los electores lo castigaran con un diputado menos por su deriva ideológica cada vez más derechizada. Me alegré que CHA aumentara su representación en tres diputados más. Pero me cuesta entender que los aragoneses castigaran con su voto las políticas sociales, laborales y económicas del gobierno de coalición de España, porque nadie me negará que la mayor parte de los electores aragoneses lo hicieron en clave nacional.
¿Por qué castigamos que las pensiones hayan subido un 17,5% en el período 2022-2025 bajo el gobierno de Sánchez frente al 1% en total que subieron entre 2014 y 2017 con el gobierno de Rajoy? ¿Por qué se ha castigado que tengamos 22,5 millones de personas ocupadas, récord histórico y un desempleo inferior al 10%, el más bajo de los veinte últimos años? ¿Quizá ha molestado a los aragoneses que el crecimiento económico de España en 2025 haya sido del 3%, casi el doble que la media de la eurozona? ¿Cómo puede explicarse la pérdida en Aragón de cinco diputados del PSOE y que IU-Sumar consiguiera salvar por los pelos su diputado, partidos del gobierno de coalición que han conseguido esos y otros muchos logros beneficiosos para una amplia mayoría social?
Es comprensible que los votantes del PP castigaran con dos diputados menos la sonrisa profidén del señor Azcón y que penalizaran también su beligerancia contra la señora Alegría del PSOE que hizo gala de un diálogo sereno, cordial y argumentativo. Lo castigaron también, por convocar unas elecciones innecesarias, impuestas desde Madrid por el señor Feijóo, que han provocado que Vox duplicara su representación y que otra extrema derecha, Salf, representada por una ardilla con careta, se haya quedado a las puertas de la Aljafería.
Me cuesta mucho entender que Vox, que no ha presentado ninguna propuesta seria, que solo ha proferido bulos, odio e insultos contra todo dios y que para más inri se ha manifestado abiertamente favorable al trasvase del Ebro, los electores aragoneses le hayan duplicado su representación. El tiro le salió por la culata al señor Azcón. O quizá no, porque una mayor representación de Vox le facilitará, si pacta con ellos, sus políticas privatizadoras entre otras cargadas de xenofobia, homofobia y aporofobia.
Dicen los expertos que el adicto toca fondo cuando llega a un límite que le permite buscar soluciones a su problema. Ante este proceso de degradación democrática, ¿tocaremos fondo? Deberíamos hacerlo. Porque si fuimos capaces de salir de una dictadura y realizar una transición democrática modélica, a pesar del fascismo imperante entonces, ¿no lo seremos ahora? Y la receta sigue siendo la misma: diálogo, transacciones, pactos... como los de la Moncloa de 1977 o el pacto constitucional de 1978. Hoy no es posible.
Con una derecha, una extrema derecha y algunos medios de comunicación empleados a fondo en el insulto y en la propagación de bulos, el escenario del pacto es imposible. Pero acaso, cuando toquemos fondo y nos encontremos al borde del precipicio fascista, ¿no despertarán líderes democráticos del amplio espectro de la derecha y de la izquierda, con altura de miras suficiente para actualizar unos nuevos Pactos de la Moncloa? Poder alcanzar grandes pactos de Estado sería el mejor antídoto contra el veneno de la extrema derecha. Esperemos que así sea por el bien de todos.
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