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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Renacimiento oscuro

Pasa con los grandes genios que, a su alrededor, todo se oscurece. Su brillante sol convierte en una pálida sombra cualquier otra estrella, siendo algo así lo que le pasó a Cristopher Marlowe con respecto a William Shakespeare: tanto su memoria como su propia obra dramática quedaron opacadas, olvidadas, frente al eterno brillo y vigencia del cisne de Avon.

Injustamente, habría que empezar diciendo, pues tanto la vida como la aportación al teatro de Marlowe reúnen un enorme interés, vigente hoy en día.

Para recuperarlo en su justa dimensión es muy aconsejable leer el ensayo de Stephen Greenblatt titulado El Renacimiento oscuro (editorial Crítica). En sus brillantes y amenas páginas, este profesor de Humanidades de Harvard recrea la biografía de Marlowe en el contexto de la Inglaterra isabelina, todavía renacentista, pero ya luterana, que albergó sus 29 años de vida. Hijo de un modesto carpintero de Canterbury, sus formidables dotes intelectuales le abrirían las puertas de las universidades y del saber, inclinándolo muy tempranamente a la lectura y a la traducción de los clásicos, y a la práctica, en un idioma inglés que él se encargaría de embellecer, de la poesía y del teatro.

Su seductora presencia, su gusto por la paradoja y el humor y su sed de conocimientos y aventuras lo pusieron en contacto con algunos de los personajes más relevantes de la corte de Isabel I, como Walter Ralegh o Henry Percy, ambos aristócratas muy bien recibidos en el palacio de Buckingham, dueños de inmensas riquezas y aficionados a los saberes ocultos de la nigromancia. A través de ellos, Marlowe comenzó a bucear en la alquimia y en la ciencia, en la astrología y en las teorías heréticas que negaban la existencia del infierno o la naturaleza de Jesucristo, hasta ir dibujando uno de los personajes que lo haría inmortal: el doctor Fausto. Cuando esta obra se estrenó, causando un formidable escándalo, Marlowe ya era una gloria nacional, pues había triunfado con Tamerlán y otras tragedias, pero muy pocos sabían que pertenecía al servicio secreto. Vínculo que segaría su vida demasiado tempranamente, con menos de treinta años, en una sórdida taberna, durante un inexplicable tumulto...

Un libro magnífico sobre un prodigioso y misterioso autor.

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