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Opinión

Silvio

El mejor cantautor, Silvio Rodríguez, ha tenido el gesto de pedir a su presidente un Kalashnikov para defender Cuba del asalto norteamericano. El jefe supremo del partido, del gobierno y del país, Díaz Canel, se lo ha entregado en un acto público. En manos de Silvio, ese fusil ametrallador no dejaba de mecerse como una guitarra, pero está por ver si no lo prueba contra los marines a los que nunca dedicará una canción.

Es hoy Silvio un hombre mayor, de 79 años, edad nada apropiada para jugar con pistolas. Buena parte de todos esos años los ha vivido bajo la Revolución. Cuando Fidel Castro consiguió derrotar a Batista, Silvio tenía 11 años. Corría 1961 y Kennedy ordenó la fallida invasión de Bahía Cochinos, resultando derrotada su fuerza mercenaria por los fieles castristas. Una de las canciones de Rodríguez, Playa Girón, rememora aquella gesta que, en el imaginario de los barbudos, se sumaría a otras batallas para dibujar la iconografía del régimen abanderando a los hermanos Castro, al Che Guevara, a Camilo Cienfuegos y al resto de libertadores.

Ya con uso de razón, Silvio apoyó sin fisuras a Fidel y fundó la Nueva Trova, un movimiento musical cuyas maravillosas composiciones, voces y arreglos asombrarían a medio mundo. Silvio y Pablo Milanés se convirtieron también en símbolos para una España de la Transición que, a la muerte de Franco, buscaba iconos, ideologías y estilos artísticos con los que identificarse.

Pero Fidel, en lugar de retirarse a tiempo, se aferró al poder, eliminó rivales, aisló al país y fundó una férrea dictadura. Su encanto personal, además de a Silvio, consiguió seducir a la izquierda europea, haciendo olvidar que sus cárceles estaban llenas de presos políticos. Pero sus alianzas con Rusia, China o Venezuela fueron insuficientes para degradar económicamente el país hasta el umbral de la pobreza.

Silvio asistió a ese deterioro y a la brutal tiranía sin una sola queja. Nunca criticó al régimen del que es símbolo y tampoco ahora lo hará. A tenor de su foto con el fusil ametrallador, preferiría morir matando que cantando.

La historia le lleva de nuevo a Playa Girón, donde la Revolución, aunque él la defienda como guerrillero, está a punto de acabar. Su última canción va a ser una muy triste despedida.

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