Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Zaragoza

Incierto parque de atracciones

El Parque de Atracciones de Zaragoza parece empeñado en acabar con la temporada de este año antes incluso de abrir las puertas al público. El final de la concesión dio paso a una ventana de ilusión para la ciudad, pensando en que la llegada de nuevos inversores, la firma argentina Fenix Entertainment, apoyado en los gestores de toda la vida, la empresa de Jesús Morte, un histórico del tejido empresarial en la capital aragonesa que llegó a estar un día al frente de la patronal de la comunidad, iba a reconducir el futuro de unas instalaciones que llevan demasiado tiempo lejos de sus años de esplendor. Una nueva etapa con un proyecto ambicioso, millonario en inversiones, que sirviera para que renaciera un proyecto que languidecía. Incluso se lanzó a pública concurrencia una concesión que, antes de hacerlo, parecía que estaba llamada a atraer a las grandes firmas dedicadas a estos negocios del ocio y el entretenimiento del país o internacionales, que vieran en Zaragoza una oportunidad de montar un complejo renovado y próspero.

Pero la realidad se impuso y el único interesado fue el mismo gestor al que llevaba años enfrentado el consistorio gobernado por el PP, la familia Morte, apoyado en el músculo financiero de un multimillonario pujante del otro lado del Atlántico que llegaba con planes y nuevas ideas para darle una vuelta de tuerca al recinto. Era adjudicárselo o declararlo desierto a las puertas de declararse la caducidad de una concesión que había tenido el mismo dueño durante 50 años sin que hubiera una alternativa clara en caso de revisar las condiciones. Primer revés para un ayuntamiento que siempre quiso un cambio de manos y le tocaba lidiar con una versión 2.0 del mismo modelo que rechazaban.

Quizá fue este momento en el que todo empezó a torcerse, aunque ni de lejos nadie esperaba el escenario actual: un gestor que declara el preconcurso voluntario de acreedores y ni siquiera avisa a sus socios en una nueva sociedad, Moncayo, que les ata a ambos a una concesión en crisis; un millonario inversor que se siente engañado y que se enroca en solucionar la relación con su socio antes de ponerse manos a la obra con su proyecto, en el que sigue interesado pero del que tiene el 80%, le falta el otro 20%, en manos de Morte; y un Ayuntamiento de Zaragoza que le salió rana esa ventana a otras grandes firmas y acabó denostando públicamente la única propuesta que tenía sobre la mesa para tener un relevo en el Parque de Atracciones de la ciudad.

Un galimatías desde el principio más propio de la montaña rusa ‘Moncayo’–el nombre ya parecía premonitorio– que de un plácido paseo en barca en los troncos de ‘Dream River’. Así evoluciona este largo y tortuoso tránsito entre el viejo complejo y el futuro, que a día de hoy nadie es capaz de garantizar. Por más que los inversores argentinos aseguren que siguen interesados, aunque aplaza a 2027 su desembarco.

Aunque el ayuntamiento ahora se encuentre en la tesitura de obligar a los actuales gestores a abrir esta temporada, con una herramienta hasta ahora desconocida que se llama «orden de continuidad» para no dejar a miles de personas afectadas porque ya tenían una reserva para algún evento que nadie sabe cómo se van a prestar. Y aunque tampoco nadie pueda asegurar que la empresa del señor Morte no guarda ninguna sorpresa de última hora que lo vuelva a cambiar todo. Y, entre tanto, los trabajadores y los ciudadanos navegan en esta incierta ‘Cueva del Horror’ sin saber qué va a pasar con unas instalaciones que antes necesitaba un futuro y ahora urgen un presente para no morir en el olvido.  

La opinión del diario se expresa solo en los editoriales. Los artículos exponen posturas personales

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents