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Opinión | Salida de emergencia

La cara más oculta

El lanzamiento del Artemis 2 al espacio me pareció un bálsamo de paz, casi como el reposo de un bebé tras un largo e incontenido llanto

Despegaba hacia la Luna a eso de las 00.35 de la madrugada, hora peninsular, y volvía aquella retórica pregunta que nació en 1965 cuando el hombre pisó por primera y única vez la Luna y todos los negacionistas, que lo han sido después, se han preguntado si el hombre realmente alguna vez pisó la Luna. Yo no dudó que fuera así, porque mis padres vivieron ese momento como algo insólito, magnífico, un momento de superación que permitía aliarnos con el espacio, conquistarlo y llegar a lugares que hasta ese instante eran imposibles de bordear, al menos en nuestra pequeña y familiar imaginación que no pasaba de un 20 de julio donde la niña mayor acababa de cumplir cuatro años.

La madrugada del jueves me quedé para ver cómo despegaba el Artemis 2 hacia el espacio para alcanzar nuevamente la Luna -si bien esta vez el hombre no pondrá sus pies en ella-, en una nueva conquista, tan sugerente como la de 1965, porque tras esa nave espacial y esos cuatro astronautas hay miles de horas de investigación, de ciencia, de sabiduría, de paciencia, de valentía y de apoyo entre países para saber más y ser más y destruir menos y tener más posibilidades, aunque no sepamos muy bien de qué ni para qué ahora que andamos una y otra vez guerreando entre nosotros y blasfemando sobre el otro, porque es más fácil obtener el respeto en la batalla que en la paz. O al menos eso es lo que hemos aprendido. Por eso el lanzamiento del Artemis 2 al espacio me pareció un bálsamo de paz, casi como el reposo de un bebé tras un largo e incontenido llanto, porque había algo en aquellos tres hombres y en aquella mujer que era esencia de lo que no vemos ni somos a diario, esa esencia necesaria para decir: «Despego. Te abrazaré fuerte a mi regreso». Y ese «Despego» es inmenso, porque supone no tener anclajes y supone orbitar sobre el lugar en el que vivimos todos nosotros y recorrer planetas que son solo sombras y vivir sin gravedad y hacer del tiempo décimas de segundo que son la esperanza hacia un mundo mejor.

Había una luz azul sobre el Cabo Cañaveral cuando el Artemis 2 saltó al espacio y los recuerdos se quedaron congelados y la Luna seguía fija en un lugar del firmamento entre las estrellas bondadosas y el Artemis 2 que besará sus pliegues, los de su cara más oculta.

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