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Opinión | Firma invitada

Ivo Inigo / Javier Oquendo

El Nudo Mudéjar como metáfora

Las megacentrales renovables resultarían imposibles sin el precio del suelo del medio rural. Su proliferación en el agro no es porque permitan superar la despoblación, de hecho, la agravan

El Nudo Mudéjar era el buque insignia de la Transición Justa, el proyecto que debía condensar las virtudes de una política reducida a la intangibilidad del oligopolio eléctrico. El objetivo era reemplazar la actividad que generaban las minas carbón y la central térmica de Andorra en el Bajo Aragón. Preveía 1.844 MW distribuidos en siete centrales eólicas con 154 aerogeneradores, siete centrales fotovoltaicas de 1.600 hectáreas, dos complejos de baterías, catorce subestaciones y 154 kilómetros de líneas de alta tensión en aéreo. El total de la superficie afectada era de 35 km2.

Semejante despliegue se justificaba con inversiones industriales que permitieran recuperar el pulso de la comarca. Todo aquello ha terminado en 406 MW (que no es poco, es el equivalente a una central nuclear pequeña) repartidos en tres centrales fotovoltaicas y una eólica. El recorte en el plan de inversiones se prevé proporcionalmente drástico. Estas cifras son el resultado de la reducción de 800 MW establecida por la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) y la posterior renuncia a 600 MW por parte del promotor, Endesa.

La DIA del Nudo Mudéjar merece una reflexión, ya que el rechazo de Endesa se debe al condicionado ambiental al que estaban sometidas las centrales objeto de desistimiento. Efectivamente, las medidas de la DIA eran sensacionales y su fin era la cura de especies en peligro de extinción, áreas de la Red Natura 2000, etc. El Miteco debería explicar por qué no se aplican condicionados así a otros proyectos similares, es tan llamativo que nos hace sospechar de todas las demás DIA, escándalo de Forestalia aparte.

La cuestión es que el recorte de las inversiones asociadas al Nudo Mudéjar ha despertado un coro de indignación y afectación. Suponemos que en algunos casos será hipocresía y, en su mayor parte, desconocimiento. Por sus características, ni la energía eólica ni la fotovoltaica son como la térmica o la nuclear. El aprovechamiento del viento, y en particular del sol, requiere de una tecnología acorde con una implantación distribuida. Dicho en otras palabras, estas renovables son para que las tengamos en las azoteas, en los polígonos industriales, en pequeños huertos de comunidades energéticas, etc. Son estos rasgos los que nos hacen defensores de las renovables.

Frente a anterior evidencia, en el país del oligopolio eléctrico han proliferado las macrocentrales renovables como si fueran térmicas y nucleares. Este hecho es directamente proporcional al infradesarrollo de comunidades energéticas, con 117 operativas en 2025 en un país de 8.132 municipios. El objetivo de esta Transición Justa, obviamente, es mantener el modelo de propiedad concentrada y negocio oligopólico, lo cual implica mastodontes como el Nudo Mudéjar, ya sea con la potencia de su configuración original, con la de la DIA o con la actual.

Obviamente, desarrollar en el medio rural un proyecto que ocupa 35 km2, equivalente a 5.000 campos de fútbol, supone por una mera cuestión de magnitudes un impacto inconmensurable debido a la afección a hábitats y ecosistemas valiosos, y a superficies agrarias proveedoras de alimentos. Es lógico lo que ha sucedido con el Nudo Mudéjar, o que Forestalia tuviera que corromper a capitostes del Miteco y del Inaga para lograr resoluciones positivas para sus proyectos. Lo inexplicable es que todavía no se sepa de más casos, porque, efectivamente, la Transición Justa está bajo sospecha de cabo a rabo.

Las megacentrales renovables resultarían imposibles sin el precio del suelo del medio rural. Su proliferación en el agro no es porque permitan superar la despoblación, de hecho, la agravan. El suelo barato del interior del país permite asegurar la rentabilidad de semejantes monstruos, y al Gobierno autorizarlos como en tierra conquistada dado el insignificante número de votantes que lo habitan. Si no, pregúntense, ¿por qué en la Comunidad de Madrid no hay eólicos? ¿Por qué no los hay en la Cataluña Vella? Es más, ¿por qué para instalar aereogeneradores en la dulce, bien poblada y abundante costa hubo una moratoria de años durante la cual ordenar su instalación, y su comarca de interior no disfrutó del mismo cuidado? Muy sencillo, el beneficio y el dividendo de la electricidad renovable barata (barata en el mercado mayorista, no en las facturas) se basa en buena medida en el expolio de los pueblos.

Por eso el Nudo Mudéjar es una metáfora de la Transición Justa: es la promesa imposible en una comarca que ya fue víctima del extractivismo fósil, es el tinglado capitalista pasando por encima de los bienes públicos (los recursos naturales), es el caos planificado en el medio rural para implantar macrocentrales (en el entorno de Andorra también se cuentan los proyectos Catalina y los de Forestalia-Bruc, sumando 55 km2 y 132 aerogeneradores) y es, de fondo, el coro de incomprensión de los burlados cuando sucede el milagro de una DIA (casualmente tras la revelación del escándalo Forestalia) en la que se comprueba que los megaproyectos tienen imposible encaje con la supervivencia de los servicios ecosistémicos y de los recursos agrarios de los que nos provee el campo.

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