Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Sala de máquinas

El nadador secreto

La injustamente llamada «generación perdida» –pues sigue más que vigente– compuesta por Kerouac, Burroughs o Ginsberg incluyó algunos otros muy interesantes nombres. Como, por ejemplo, del de William Kotzwinkle. A cuya novela corta El nadador en el mar secreto, que ahora nos ofrece, con una magnífica traducción de Enrique de Hériz, el sello Navona, vale la pena concederle una pausada lectura y, acto seguido, una intensa reflexión sobre los temas básicos de que trata: el nacimiento, la vida, la muerte.

Todo el argumento gira en torno a la muy deseada venida a este nuestro mundo material de un bebé que durante el embarazo no había causado especiales problemas a la madre. Pero que, en las últimas semanas de gestación, debió cometer alguna mala maniobra y darse la vuelta, quedando en esa posición, denominada «de nalgas», que suele complicar el desarrollo de los partos.

A partir de allí, las esperanzas de la joven pareja compuesta por los expectantes padres se verán entenebrecidas por las complicaciones de ese «mar secreto» en el que «nada» su bebé, un océano de líquido amniótico nutriente en el que la existencia larvada que todavía no ha salido al exterior se debate contra los últimos obstáculos para llegar realmente a respirar y a ser.

Mientras el pequeño «nadador» se esfuerza por arribar a la meta (esto es, por conseguir abandonar el útero materno, por abrir su boquita al contacto con el oxígeno, por nacer) sus padres irán recordando sus mejores momentos: el instante en que se conocieron, la primera vez que se amaron, la manera en que supieron ir conectando y aprendiendo a convivir el uno con el otro hasta lograr un embarazo que anunciaba una nueva y estimulante vida, espejo o continuación de las suyas, de su proyecto vital y de su proyección humana, intelectual y espiritual hacia el futuro del tiempo.

Una novela concisa, precisa en la forma, pero que deja abierto ante los ojos del lector un agujero más grande, oscuro y profundo: el de la raíz del hombre, el del principio de todo o el del final de nada.

Y un autor, Kotzwinkle, a recuperar, leer, tener muy en cuenta.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents