Opinión
El lado oscuro
Estos días los terrícolas andamos impresionados con el despegue de Artemis II dando vueltas alrededor de la Tierra hasta encontrar la autopista que lleve a los cuatro tripulantes al lado oscuro de la Luna, con el regreso previsto para el viernes 10 de abril de 2026.
Son los primeros seres humanos que se aventuran tan lejos del espacio desde la hazaña del Apolo en 1972. Cuando el hombre puso los pies en la luna. Esta vez la tripulación no bajará, pero dará la vuelta al astro y pasará por detrás de su cara oculta, con el objetivo de recoger la información posible para abrir el camino a futuras bases lunares. «¡Alucinante!».
Este es el primer viaje lunar en el que se incluye a una mujer y a una persona afroamericana. Como detalle doméstico he leído que fue la especialista Christina Koch la que arregló un problema con el inodoro de la nave espacial Orión. Detalle importante para la convivencia de los cuatro tripulantes en el espacio.
Esta vez, parece que los dioses del Olimpo se pusieron de acuerdo para que fuera un éxito liberar a la nave Orión y pudiera emprender su viaje hacia la Luna. Y este hito inmenso se explica gracias al trabajo de más de 40.000 personas de todo el mundo. Desde agencias espaciales a empresas, instituciones, universidades y académicos del mundo. Todos a una empujando esta labor cósmica que sobrepasa los límites de las fronteras, nacionalidades, los egos y las idolatrías.
Por ejemplo, la Agencia Espacial Europea se he encargado de diseñar el módulo de servicios que proporciona agua, oxígeno y propulsión que transporta a los astronautas a la Luna. Y España participó en la construcción de componentes de la misión y en el seguimiento para guiarla hacia su destino.
Semejante despliegue entre los dioses del Olimpo y los mejores científicos y empresas del siglo XXI logrará que obtengan información, quizás decisiva para curar enfermedades, o encontrar minerales extraños, que en nuestro planeta terriblemente explotado se hayan agotado.
No en vano esta operación espacial se haya bautizado con el nombre de Artemisa. La diosa griega de la caza, la naturaleza salvaje, los animales, la castidad y la Luna. Y Orión, el componente que se libera de la nave, donde habitan los cuatro astronautas; que en la mitología griega fue un gigante y cazador legendario de gran belleza y fuerza, hijo de Poseidón. Famoso por su habilidad. Una cualidad que les vendrá bien a nuestros cuatro tripulantes.
Y yo me imagino a estos astronautas flotando en el espacio, en la paz que debe proporcionar la falta de gravedad mirando aquí abajo; y les debe parecer ridículo ver cómo en el planeta Tierra se destrozan los unos a los otros en guerras absurdas por apoderarse del petróleo, derrochando miles de millones para crear misiles y armas sofisticadas cuyo único objetivo es la muerte.
Quizás, echándole un poco de sentido del humor, en ese otro lado oscuro de la Luna encuentren también el rastro del lado oscuro de la política con las huellas digitales de dos políticos nefastos e inútiles escondidos para no dar la cara y que no les pillen. El primer escondido es un tal Carlos Mazón. El otro es el que lo protege, aunque no lo soporte, me refiero a Feijóo. Un gallego de esos que como dicen los refranes populares: te lo encuentras en una escalera y no se sabe si sube o si baja. Un tipo engreído que de pronto se ha quitado las gafas y se encuentra atractivo enseñando sus ojos azules porque algún asesor le ha convencido de que está más guapo sin lentes, aunque no vea un pimiento. Creo sinceramente que no llegará a presidir España porque es muy flojo. Oírle hablar en el Parlamento es como estar levitando en la Luna sin encontrar nada. Hasta su colega Mariano Rajoy le superaba en inteligencia, que ya es decir.
En marzo de este año el partido que lidera se abstuvo de votar el escudo social propuesto por el PSOE para 2026: un conjunto de medidas de protección social y económica aprobadas por el Gobierno para apoyar a familias vulnerables. Incluye la prohibición de los desahucios, ayudas a la vivienda y revalorización de las pensiones entre otras. Cobardía se llama a su abstención. Su única propuesta conocida y repetida es el «No a Pedro Sánchez».
La otra perla sigue escondida en algún despacho de las Cortes valencianas cobrando 9.000 euros al mes, se llama Carlos Mazón, y es el responsable de la tragedia de la dana que se cobró la vida de 230 personas, mientras el tipo acudía a una cita con una rubia en un lugar llamado El Ventorro.
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