Opinión
Necesitamos verificar
Necesitamos verificar que eres un humano. Es leer esto y ya me tiemblan las piernas. Madre mía, a ver cómo salgo de aquí. Clico donde pone Soy humano y no cuela. Me mandan para comprobarlo varias imágenes con pajaritos y diversos elementos. Clico en las fotos de los pajaritos. Error. Mierda, me he debido de confundir. Lo intento de nuevo. Me mandan varias imágenes de ratones de ordenador. Yo soy más de gatitos, qué pena. Con los gatitos no tendría tantas dudas. Clico en los ratones y envío. Error de nuevo. Me sacan de la página sin piedad. ¿Cómo decirles que soy un humano de verdad? Un poco torpe, tal vez, pero humano.
Al fin y al cabo, el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, como yo acabo de hacer hace un momento. ¿Eso no me convierte en humano? La torpeza es inherentemente humana, eso lo sabe cualquiera. Si me hubieran visto sudando y dudando con cada imagen, tendrían muy claro que soy un humano. Una inteligencia artificial es rápida, veloz en sus decisiones, y más inteligente, como ya indica su sobrenombre. Me viene a la mente la canción de Joan Baptista Humet que empieza así: «A menudo me siento tan cansado, como si de todas partes apuntaran hacia mí». Y canturreo su maravilloso estribillo: «Sólo soy un ser humano, no me aprietes tanto que me haces daño, no te apoyes en mí, toma mi mano».
Ay, Humet, cómo te echamos de menos y qué bien perduran tus canciones. Si me hicieran cantar, se me ocurre pensar, también se darían cuenta de que soy un humano. Canto fatal, lo confieso, ninguna inteligencia artificial cantaría tan mal. Eso sí, tengo buena memoria para recordar las letras de las canciones, ahí mi archivo mental y mi disco duro funcionan a la perfección. Mucho mejor que cuando me piden una contraseña, por ejemplo, que necesito unos cuantos segundos para que acudan a mi cerebro olvidadizo y volátil.
Ay, cada uno retiene los datos que su mente ha escogido aleatoriamente, según el algoritmo de cada uno. Yo retengo un montón de datos inútiles de libros, películas, canciones... En fin, cosas de humanos. Los humanos somos una fiesta total, vaya que sí. Y sigo cantando, yo a lo mío: «Me presento en una fiesta, ¡vaya compromiso!, y un soldado de permiso no ha dejado un canapé». Sólo soy un ser humano, insisto para mis adentros, como bien cantaba Humet.
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