Opinión
Nueva vuelta a las atracciones
El culebrón del Parque de Atracciones de Zaragoza lleva escribiendo capítulos desde hace días y todo apunta a que aún le quedan unos cuantos en los próximos meses. Esta semana empezó con una amenaza de sanción, por parte de la alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, a los gestores actuales del recinto, la firma de la familia Morte, si no lo abrían al público. Siguió con la empresa anunciando que continuaba adelante con el erte que afectaría a toda la plantilla sin concretar si finalmente estrenaría temporada aunque fuera en precario. Más tarde se matizó diciendo que abriría solo para atender a los eventos ya contratados, sobre todo las comuniones, pero no para el público en general. Y ha acabado, ayer mismo, en que sí que lo hará pero a partir de junio, justo cuando todos los implicados, sobre todo los trabajadores y los usuarios están sumidos en la incertidumbre. Así, en esta montaña rusa constante en la que se han convertido las conversaciones entre la concesionaria y el consistorio se va dañando la imagen de un complejo de entretenimiento que quizá esté quedando más herido de lo que algunos de sus responsables piensan. Pero no todo es tan sencillo como decidir qué se quiere hacer.
La empresa gestora está en preconcurso voluntario de acreedores, es decir en una situación delicada y quién sabe si irreversible. Su socio para el futuro parque en la sociedad Moncayo Leisure, la millonaria Fenix Entertainment, está muy enfadada con la actitud de su compañero de viaje y se resiste a darle una salida fácil pero sobre todo a perder los 600.000 euros de fianza que depositó de sus arcas sin sospechar de este giro inesperado. Y el Ayuntamiento de Zaragoza, titular de la concesión, evidencia día tras día que la situación está fuera de control, se le ha ido de las manos y tiene muy complicado redirigir a Morte hacia una solución razonable que no deje damnificados en el camino. ¿Quién es capaz de parar esta noria?
No obstante, algunos detalles de vital importancia no han de pasar desapercibidos. Para abrir las puertas al público tras tantos meses de parón hace falta visar el estado de las atracciones, no solo levantar la persiana para que pueda celebrarse una comunión y luego volver a bajarla. Por una cuestión de seguridad, que siempre es más importante que la evidente mala imagen de dejar tirados a los clientes. Porque está claro que la motivación de forzar la máquina es precisamente que no haya daños colaterales en este culebrón, y también que si los únicos damnificados fueran los actuales gestores del Parque de Atracciones, el examen exhaustivo del estado del recinto quizá no lo superaría. Hay que confiar en el criterio de los técnicos que han dado el visto bueno para que las atracciones se enciendan y el complejo abra las puertas. Solo una veintena, eso sí, que es evidenciar que abrir en precario es para todos menos doloroso que no abrir. Sobre todo para un ayuntamiento que empieza a dar síntomas de no saber manejar las riendas de una concesión que toca a su fin tras más de medio siglo en la ciudad. No está pudiendo imponer su criterio y cuando lo trata de hacer, a continuación, le recuerda a la empresa que le debe dinero del canon... Mirar para otro lado no es procedente porque también sabe que pase lo que pase el responsable último será el dueño, y en este caso es el ayuntamiento.
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